RAY ME MIRA MAL

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Ray me mira mal

 
Todo comenzó un domingo por la mañana. Había salido para comprar unos churros y porras para el desayuno y me lo encontré en la calle. Era un cartel luminoso de Licor 43. En un principio no sabia lo que era, pero decidí llevármelo a casa. Lo enchufé y... ¡funcionaba! Raimundo dijo:
 
-       "Otro trasto viejo en la casa, estarás orgulloso".
 
Pero no me obligó a tirarlo como otras veces. En el fondo creo que le gusta. Antes de continuar con la historia me gustaría presentarme. Me llamo Xavi y tengo 41 años. Vivo con Raimundo, de 14 años. Parece joven pero tiene mucho de viejo, su manera de expresarse... Estamos juntos desde hace más de 10 años, desde que me separé de la …. de mi ex, ella no quería vivir con él. Yo le llamo Raimundo, pero todos sus amigos (y los míos) le llaman Ray. Por ello es posible que mezcle estos dos nombres durante este relato. Ray tiene el pelo negro y unos ojos verdes profundos. Es guapo y él lo sabe y juega con ello. Es bastante callado pero se comunica conmigo cuando le interesa. En el fondo es un adolescente egoísta que no quiere crecer.
 
Pero volvamos a esa mañana de domingo. Tras desayunar (yo café con churros y el leche con las porras) volví a encender el cartel de licor 43. A Raimundo le gustaba, pues miraba las luces de neón fijamente. No sé qué pasó pero ambos nos quedamos dormidos...
Cuando despertamos era casi de noche y el comportamiento de Raimundo cambió radicalmente. Antes era muy cariñoso aunque egoísta, siempre a su bola. Pero ahora es mucho peor. Me mira mal casi todo el tiempo. No sé si con odio o desprecio. Me hace muecas raras y me siento incomodo a su lado. Por más que le pregunto no responde. Cuando le traigo la comida, me la tira a la cara y luego lanza el plato al suelo para romperlo a propósito.
El cartel luminoso de licor 43 está siempre encendido. Cuando intento apagarlo, Raimundo hace ruidos raros y ha llegado a arañarme y morderme hasta que lo vuelvo a encender y se tranquiliza un poco, pero no por mucho tiempo. Me siento arrinconado en mi propia casa. Cuando entro en el salón, allí esta Raimundo tumbado en el sofá mirándome mal y me abuchea o algo parecido, pues cada vez le entiendo peor...
Pensé que eran cosas de sus 14 años pero pasó una semana y las cosas no mejoraron, sino todo lo contrario...
Empezó a hablar con otra voz, como si estuviera poseído.... Me decía:
 
-       Eres malo, te tengo que castigar.
 
Y luego me pegaba sin ninguna consideración. Yo no quería responderle con la misma moneda pues en el fondo le quiero. Pero ya casi no puedo con él pues ha desarrollado mucha fuerza y si le intento retener me araña y me muerde como un loco.   Estaba empezando a preocuparme seriamente por Raimundo. Por ello decidí traer a sus amigos (y los mios) a casa para que de alguna manera me ayudaran. No sé si funcionó o no, cuando llegaban a nuestro hogar, Raimundo se portaba muy bien, como antes. Apenas hablaba, pero era muy cariños. Tiene un arte especial para mostrar de alguna manera a todas las visitas que era simplemente encantador.
 
No se qué problema tienes con Ray (me decían todos) pero le vemos igual que siempre...
 
El muy pícaro, les estaba engañando... Cuando nuestros amigos se marchaba comenzaba con su jueguecito de tirarlo todo para que yo lo recogiera mientras me miraba con esos ojos retadores.  Por fin llamé a Pilar. Ella es una antigua amiga que conoce a Raimundo desde que tenía solo unos poco años. Creo que Raimundo la quiere bastante por eso la llamé.
 
Pasamos gran parte de la tarde hablando de viejas batallitas mientras Ray estaba recostado en el hombro de pilar mirando sus videos de youtube. Ausente pero presente. Como siempre apenas hablo aunque si dirigió un par de piropos a Pilar, que sabe que le gustan. Fue una tarde muy agradable. Eran ya cerca de las 11 cuando ella se fue y la acompañé al metro mientras que Raimundo se quedo en casa. Entonces ella se sinceró:
 
-       No se que te pasa con Ray pero estáis raros los dos. Yo entiendo que desde que te separaste de tu ex y te quedastes con él, te has dedicado en cuerpo y alma a esta tarea. Pero ya es hora que pienses tu también en ti mismo. Ray tiene ya 14 años y es muy independiente. Necesitas una amiga, una novia.
-       Creo que tienes razón, pero sabes que Raimundo nunca ha querido mujeres en casa.
-       ¿Y yo que soy? (Dijo Pilar). Y no tengo ningún problema con él. Creo que si se lo dices con tacto no te va a poner dificultades. Ten confianza, un beso, me voy.
-       Adiós Pilar y gracias por todo.
 
Regresé a casa muy contento, quizás había encontrado una solución para la crisis de Raimundo y a su vez quizás pueda yo también comenzar una nueva relación. De hecho tenia una persona en mente, una vecina con la que he coincidido varias veces en el supermercado y creo que me aceptaría una invitación a tomar un café.
 
Iluso de mí. Nada más abrir la puerta escuché un ruido de trastos caídos. Raimundo había tirado toda una estantería de libros y algunos adornos que yacían rotos por el suelo.
 
-       Pero que has hecho Raimundo.
 
Entonces me miró con ojos fríos y me dijo:
 
-       Ni sueñes con traerte una mujer a mi casa. Tu estas aquí para cuidarme y servirme, no para buscarte hembras.
-       ¿Y Pilar que acaba de estar aquí? A ella si la aceptas…
-       -Pilar es mi amiga antes que la tuya, y viene a mi casa porque yo la dejo. Además se muy bien que nunca tendrás una relación con ella. Nunca te querrá como novio, eres su eterno amigo y nada más.
 
Este comentario me dolió mucho, Pilar me gustó en el pasado y ahora también un poco.  Pero yo también sabía que me quería como el eterno amigo al que contar sus
problemas y nada más. Pero una cosa es que lo piense y otra que me lo diga Raimundo. Sus 14 años me insultaban con el peso de toda su sabiduría. Parece que entiende mejor a las “hembras” como las llama él que yo mismo.
 
La situación fue empeorando la siguiente semana. Me miraba francamente mal y se mostraba muy despectivo especialmente en las comidas, tiraba restos por el suelo y después de hartarse se tumbaba en el sofá y yo tenia que recogerlo todo. Cuando intentaba razonar con él me gritaba y me decía:
 
-Yo soy el jefe aquí, cállate y no me molestes que estoy viendo mis videos de YouTube.
 
La convivencia era cada vez más difícil. Me sentía acorralado en mi propia casa. Una día estaba viendo la televisión y salió un anuncio sobre el maltrato infantil. Me apunte el teléfono a escondidas y al día siguiente llamé desde una cabina para que él no se enterase:
 
-       Aquí los servicios sociales de defensa del menor. ¿quiere denunciar algún caso de maltrato?
-       Si señorita, se trata de Raimundo de 14 años.
-       Se trata de un menor entonces, puede describir que es lo que ocurre.
-       Yo no le llamaría menor, tiene ya 14 años. Le explico mi problema, Raimundo me trata muy mal, tira todas las cosas de las estanterías para fastidiarme e incluso tira la comida al suelo. ¿Que relación tiene con el menor?
-       Bueno antes vivía en pareja, pero me separe y Raimundo esta a mi cargo desde hace 14 años.
-       Entiendo... Bueno no entiendo realmente. ¿Usted dice que el menor le esta maltratando a usted?
-       Si, y lleva ya casi un mes.
-       Lo siento mucho, pero el protocolo no nos permite tramitar denuncias de adultos a menores, sino todo lo contrario. Además no es legal. Le ruego que llame a la policía que ocupará de su problema.
 
Y me colgó. No me esperaba esto. Creí que enviarían a un asistente social para que hablara con Raimundo, pero nada. La única salida era llamar a la policía, pero no quería hacerlo. No quería denunciar a Raimundo por sus maltratos hacia mí. Le quiero.
 
Pasó otra semana bastante humillante. Raimundo estaba tan seguro de si mismo que solo me hacía la vida imposible cuando me enfrentaba a él. Me sentía como un esclavo en mi propia casa que no podía protestar, solo cumplir las ordenes de este dictador de 14 años.
 
Llegó un momento que no podía aguantar más y decidí llamar a la policía pasara lo que pasara. No quería denunciarle por maltrato, solo esperaba que los señores agente le pusieran en ridículo o le amenazaran con la cárcel o algo así para que se portara bien. Me armé de valor y cogí el teléfono. Había preparado en mi mente muchas veces lo que tenía que decir. Hablar en seguida de maltrato sin decir que yo, adulto, era el maltratado (eso lo aprendí de los servicios sociales) y darles mi dirección para que vinieran lo antes posible. No tardaron ni veinte minutos en llegar:
 
- Abran, policía...
 
Raimundo me miró con cara de odio diciendo:
 
- "¿No te abras atrevido a llamar a la policía?"
- Tu me has obligado, Ray. Solo quiero que me trates con respeto...
 
Le dejé allí con la palabra en la boca, me dirigí a la puerta y la abrí.
En frente a mi había dos policías un poco malhumorados y muy serios:
 
-       ¿Dónde está el menor?
-       Esta en el salón señores agentes, pero me gustaría aclararles algo, el maltratado soy yo.
-       ¿Pero que dice? ¿Cómo que el maltratado es usted? Hemos recibido un aviso de maltrato infantil.
-       Fui yo quien dejo el mensaje y no lo aclare, discúlpenme. El caso es que llevo semanas con continuas humillaciones y esto tiene que parar, no puedo seguir así.
-       Antes de escucharle tenemos que ver al menor y asegurarnos de que esta bien. Indíquenos donde está.
 
Les acompañé al salón. Allí estaba Raimundo tumbado en el sofá y mirándoles fijamente, con descaro y sin decir nada.
 
 
El policía me miró con cara estupefacta y muy enfadado.
 
-       Le repito, indíqueme donde esta el menor...
-       Pero ahí está en el sofá tirado.
-       Esta Usted loco, aquí solo hay un gato.
-       Si es Raimundo o Ray... Es él quien me esta maltratando desde hace meses.
 
El segundo policía intervino con una voz muy seria:
 
- Solo le digo dos cosas, señor: si nos vuelve a llamar para quejarse de su gato primero va a pasar una noche en la cárcel por mofa de la autoridad. Y segundo, los niños reales que sufren maltrato de verdad merecen un respeto. No nos haga perder el tiempo con sus tonterías.
 
Y se fueron los dos policías dando un portazo y gritando por la escalera.
 
- Este tío esta pirado, apunta la dirección por si llama otra vez
 
Mientras tanto Raimundo se reía diciéndome....
 
-       Ya lo ves, nadie te va a creer. Yo soy el dueño de esta casa y me perteneces. A partir de ahora harás todo lo que yo te diga.... Llamar a la policía no te va a valer de nada y nunca te valdrá.  Eres un loco que habla con los gatos… Tráeme la cena, esa gelatina que me gusta tanto o te destrozo la casa.
 
Tuve que salir a comprarlo, pues no tenía en casa. Finalmente quedó claro que el que mandaba en casa era él.