Carli

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Hola a todos los que leéis mis palabras pues ya no me podéis escuchar. Antes de nada me gustaría presentarme...

No os voy a dar mi nombre verdadero, en realidad no importa. Pero si mi apodo, por el que me conocen todos mis amigos... me llamo Carli, y estoy muerto desde hace 10 días. Me gustaría empezar este relato con la historia de mi fallecimiento, pues algo que todavía me atormenta. Aunque poco a poco voy haciéndome a la idea que ya no estoy vivo. Todo ocurrió muy deprisa. Iba en moto con un amigo muy querido  (que por desgracia, visto lo visto, ya ha dejado de serlo). Salíamos de una fiesta y habíamos bebido un par de copas. Estábamos contentos pero no borrachos. Llevaba unos meses en Miami, una ciudad súper guay donde creía que iba a encontrar un futuro entre las nubes… No quiero hablar de mis sueños pasados pues todo ha acabado ya…. Pero me entristece.

No sé qué paso, creo que fue algo en la carretera. Una rama, un animal…  Sentí un golpe y salí despedido. Me rompí el cuello al caer. Fue rápido, demasiado… No tuve la ocasión de ver mi vida pasar ante mis ojos como algunos de mis nuevos amigos. Simplemente caí, y luego me vi a mi mismo con el cuello roto en medio de la carretera. Me contemplaba a mí mismo desde fuera. Yo era un muñeco descoyuntado tirado ahí delante de mí… Lo peor pasó después. Un carro pasó por encima de mí. Vi sangre, mi sangre y mi misma cara con la mirada vacía mirándome…. Pasaron tres coches más por encima mientras me veía golpeado de un lado a otro sin poder hacer nada. Quería gritar: “Levántate, te van a matar”. Pero ya estaba muerto….

Me costó un tiempo entenderlo…  Sentía rabia. Todo pasó tan rápido. No era el momento. Por qué yo. Luego pensé en mi compañero. Aquel al que creía que amaba. Estaba tirado en el arcén de la carretera con la mano destrozada, gritando…

Quería ayudarle, pero no podía hacer nada. No podía levantarle ni tocarle. Mis manos pasaban a través de su cuerpo. Fue entonces cuando entendí que yo pertenecía al mundo de los vivos.

Después huí, me perdí entre los campos y marismas. No quería ver a nadie, solo estar solo y llorar… Llorar mi muerte, mi propia muerte… Me sentí fatal hasta el amanecer… Cuando salió el sol algo mejoró en mí… Poco, pero algo era. Ver la luz después de las tinieblas da algo de consuelo incluso cuando todo está perdido….

Ya apenas lo recuerdo pero creo que volví sobre mis pasos y regresé donde morí. Aquella carretera maldita. Vi restos de sangre pero yo ya no estaba allí. Se habían llevado mi cuerpo. No sé muy bien lo que pensé. Creo que volví a mi casa de una manera extraña. En los states si no tienes coche eres casi un homeless. Pero yo volaba, yo mismo era un avión y en segundos regresé a mi casa. No había nadie… Pasé todo el día allí, reflexionado sobre lo que hacer… Me acordé de mi familia y me sentí muy avergonzado por haberles fallado. Salí de España con la idea de triunfar y ahora les había arrebatado mi propia vida… Ya no regresaría nunca más. Ya no les podría demostrar que era un hombre de success. Llore, aunque no salieron lágrimas de mis ojos….

Decidí entonces volver a mi casa en Madrid. Para nosotros, los muertos o fantasmas, es fácil moverse. Solo necesitamos pensar que queremos irnos, y nos vamos….

El viaje de vuelta fue muy rápido. De Florida hacia el este. Me detuve un tiempo en las Azores, siempre me han fascinado estas islas perdidas en medio del océano. Las contemplaba desde las alturas, admirado. Tan cerca y tan lejos. Pero no quise detenerme y continué mi camino. Desde las Azores a Lisboa… Y luego seguir el curso del Tajo hasta Toledo, y de allí a Madrid. No disfruté mucho de mí sobrevuelo sobre España. Tenía ganas de llegar a mi casa, la de mis padres mejor dicho. Cuando llegué no había nadie. Mis padres y mi hermana habían salido. Recorrí la casa con tristeza, tantos recuerdos… Y ahora todo daba lo mismo pues simplemente estaba muerto.

En la mesa del comedor había un periódico. El ABC para ser precisos, mis padres fueron siempre muy de derechas. Esta abierto por la página de las esquelas fúnebres. Lo miré distraído pero allí estaba escrito mi nombre y la fecha de mi fallecimiento. Tenían que haber sido mis padres quienes lo habían publicado, siempre tan formales…. La ceremonia era justo ahora y la iglesia la misma donde me bautizaron y donde hice mi primera comunión. Cómo no… Nunca he sido muy religioso. De pequeño si lo era, pero por obligación y tradición. Cuando crecí simplemente deje de creer y visitar las Iglesias. No me considero ateo sino simplemente agnóstico. Cuando morí no vi ningún túnel ni ninguna luz, solo a mí mismo tirado en la carretera, muerto. Me da lo mismo. En lo que no creo es en la Iglesia. No piensan en Dios sino solo en su propio bolsillo, y esto sí que lo he visto miles de veces.

Algo me dijo dentro de mí que esta vez tenía que ir a la Iglesia por última vez. Tenía que presenciar esta ceremonia, mi propio entierro. Fue pensarlo y allí estaba.

Vi mucha gente conocida, mis padres, mi hermana, amigos de la familia. También vi a mi prima, acompañada de un hombre con barba y gafas. Su nuevo novio, creo. Mi pobre prima. Su antiguo novio la dejo una semana antes de su boda y creo que eso la marcó de alguna manera. Pero ahora tenía otro amigo. No me dio muy buena impresión al principio, estaba bostezando y su rostro expresaba aburrimiento sin disimulo mientras mi prima sollozaba creo que de corazón.

Fue en ese momento cuando observé a una mujer que miraba fijamente a ese hombre. Francamente desentonaba en la ceremonia ya que portaba un vestido largo salido de otro tiempo, lleno de encajes y bordados. No la recordaba tampoco. ¿Qué hacía esa mujer en mi entierro? Me acerqué para mirarla mejor y ella clavó sus ojos en mí.

Llevo apenas dos semanas muerto pero ya se distinguir muy bien la mirada vacía de los vivos. Vacía hacia mí, porque no me ven y su mirada me traspasa. Estoy muerto, soy un espíritu, y los ojos humanos no ven a los fantasmas. Pero esa mujer me miraba a mí, no a través de mí.

Fui a su encuentro y me saludó:

-        ПРИВЕТ, КАК ДЕЛА?

Me sentí muy extraño. No me hablaba en castellano sino en un idioma extraño, pero la había entendido perfectamente. Me decía: ¿Hola cómo estás?

-        ¿Me ves? Le pregunté.

-        Конечно, как я не увижу. Por supuesto, como no te voy a ver.

Me hablaba en otro idioma pero sus palabras cobraban sentido en mi cabeza de manera natural. Parecía que este fenómeno iba en dos direcciones pues ella también me entendía sin problemas. Y me sonrió. Que hermosa era… Una belleza de otra época.

-        Hace mucho calor en este templo, ¿le importaría a su merced acompañarme fuera a que me refresque?

-        Por supuesto…

Yo no tenía ni calor ni frio, pero quería estar al lado de esta misteriosa mujer. Me daba lo mismo mi entierro y mis familiares. Pero quería saber qué hacía esta princesa en mi funeral.  ¿Sería un ángel que me llevará al paraíso, o una diabla que me arrastrará al infierno?

La realidad fue mucho más prosaica pero también más interesante. Recorrimos Madrid durante horas sin parar de hablar. No era ni un ángel ni un demonio, sino un fantasma como yo. Solo que llevaba más de cien años muerta….

Se llama Ilina y fue una princesa en vida. Murió en San Petersburgo y estuvo una eternidad encerrada en un cementerio durante los años del comunismo. Fue el novio de mi prima quien la trajo a España sin saberlo desde Rusia. El mismo que bostezaba en mi entierro y que me cayó tan mal. Parece ser que es un poco médium y comunicó con mi nueva amiga sin quererlo. Ilina aprovechó la oportunidad para escapar y acabó en España. Pero él se portó mal con mi amiga, la tenía miedo y la echó de su casa. Por eso acabó en aquella iglesia.

Poco importa cómo ha llegado aquí, nos hemos encontrado y ya no estamos solos. Somos espíritus libres y jóvenes con ganas de vivir y recorrer esta maravillosa ciudad que es Madrid. El mundo es nuestro y nadie puede impedirnos nada. Entramos como vips en todas las fiestas de moda y ninguna puerta se nos cierra. Simplemente las atravesamos. No necesitamos ni drogas ni alcohol (no nos haría ningún efecto de todas maneras), simplemente música y buen ambiente. Pachá, Joy, Bombay, Penélope son nuestros destinos. Ilina es una compañera magnífica. Lo tiene todo, es hermosa e inteligente y posee un arte para conversar con comentarios siempre agudos e interesantes. Y si nos aburrimos simplemente miramos a la gente viva que son muy graciosos.

La noche eterna es nuestra porque nosotros también somos eternos. He de confesar que me gusta estar muerto y disfrutar de mi espíritu liberado del cuerpo, sin resacas ni consecuencias al despertar al día siguiente. Pues nosotros los muertos nunca dormimos ni lo necesitamos. Morir, es lo mejor que he hecho en mi vida.