La odisea de los celtiberos en Suramérica

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Todo comenzó en Cartago, en la tercera guerra púnica. Los romanos habían llegado a sus murallas decididos a destruir totalmente la ciudad. La sitiaron durante tres largos años. Según la leyenda fue tan duro que las mujeres se cortaron el pelo para hacer cuerdas y fabricar armas de guerra, los habitantes cartagineses y sus aliados hispanos lucharon día y noche para defender su ciudad. El asedio duró desde el año 149 aC hasta la primavera del 146 aC, cuando Publio Cornelio Escipión Emiliano tomó la ciudad en una tormenta.

A pesar de que los romanos ya habían entrado dentro de las murallas, Cartago resistió durante seis días el asedio de los soldados; estos tuvieron que avanzar penosamente casa por casa, tal fue la resistencia a la que se enfrentaron. Los romanos avanzaron por tres calles, matando a todo aquel que encontraban a su paso mientras los cartagineses les lanzaban tejas y piedras desde los tejados. Los legionarios subieron a las azoteas y mataron a los defensores, tendiendo puentes de tablas entre las casas. Los cuerpos se apilaban en las calles, impidiendo el paso a las cohortes de la infantería y la caballería. Brigadas de "limpieza" arrastraban con ganchos a muertos y heridos y los arrojaban a fosas comunes, para despejar el camino. Los caballos pisoteaban miembros mutilados y cabezas cortadas en su avance. Ríos de sangre corrían por las calles de Cartago. Las tropas romanas se alternaban para evitar la indisciplina y la locura mientras avanzaban matando y mutilando.

La ciudad fue totalmente destruida y sus tesoros llevados a Roma. Del casi millón de habitantes sólo sobrevivieron unos cincuenta mil y fueron vendidos como esclavos. Esto es lo que se escribió en los libros de historia, pero no fue exactamente así…. Algunos consiguieron huir emprendiendo una de las epopeyas más extraordinaria y desconocida de la humanidad

Fue un almirante llamado Magón de origen hispano que huyó con lo que le quedaba de sus tropas mercenarias iberas y celtas. Los romanos habían entrado en la ciudad por el puerto atravesando parte de las murallas mediante una grieta hecha por uno de sus arietes. Mientras se dedicaban a ocupar y saquear la ciudad, el almirante huyo hacia el puerto militar donde había cinco barcos de guerra ocultos. Aprovechó la noche para salir a la mar con los soldados que le quedaban esquivando los barcos romanos que bloqueaban el golfo de Cartago. Diez galeras romanas fueron en su persecución. Pero la oscuridad de la noche y la desesperación de sus tripulantes les salvaron.

El primer destino fue Eivissa, donde repostaron agua y alimentos y dejaron a algunos soldados gravemente heridos que nos sobrevivirían al largo viaje que les esperaba. Los naturales de la isla se entristecieron mucho por la caída de Cartago. Un grupo de valientes honderos baleares decidió acompañarlos en su gran odisea. Pues Magón tenía un plan, atravesar las columnas de hércules y navegar hacia el occidente hasta un lejano paraíso conocido desde los fenicios, pero mantenido en secreto, por los cartagineses.

Desde las baleares costearon el levante hasta llegar a las columnas de Hércules que atravesaron de noche por miedo a las patrullas romanas, dueñas del Mediterráneo. Sus últimos días en Europa las pasaron en la desembocadura del Guadalquivir, acaparando víveres y agua pues el viaje sería muy largo. Magón había estudiado viejos mapas y relatos. Fueron los fenicios los primeros que habían descubierto esa lejana tierra de grandes junglas parecidas a las africanas. La tierra del hierro la llamaron por la abundancia de este metal. Y lo mantuvieron en secreto por desconfianza de los griegos que también se aventuraban en lo desconocido en busca de oro y otros metales.