Babun de Camerún

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El otro día conocí a Babun en una entrevista de trabajo. Era más una prueba para seleccionar repartidores de publicidad. Teníamos que buzonear octavillas durante una mañana. Después seleccionarían a los dos mejores de los  12 que nos presentamos. Iríamos por parejas, cada uno por un lado de la calle. Les hicimos caso 10 minutos y luego fuimos paseando juntos y hablando mientras buzoneábamos.
 
Babun tiene 20 años, la mitad de los que tengo yo, pero tiene una madurez que no he visto en ningún chico o chica españoles de hoy en día. Nació en un suburbio de Yaundé, la capital de Camerún. Cuando tenía 6 años nació su hermana y su padre les abandonó para vivir con otra mujer en la costa. Pasó hambre de pequeño y a los 14 solo pensaba en venir a Europa, como la mayoría de sus amigos del barrio. Tardó dos largos años en atravesar a pie media África hasta llegar a marruecos. Llevo tanto tiempo porque muchas veces tenía que parar y trabajar para ganar algo de dinero y seguir subiendo hacia el norte.
En Marruecos lo pasó fatal. En parte por el racismo de los árabes y bereberes contra los negros, pero fundamentalmente por los intentos fallidos por pasar la frontera. Probó fortuna en Ceuta, cruzando a nado la frontera por el mar. Peros los guardias civiles les lanzaron pelotas de goma y tuvieron que regresar a nado. Unos meses después lo intento desde Nador. Se enfrentó con largas escaleras a las vallas alambre de espino que rodean Melilla. Lo consiguió, pero la policía le pillo y le devolvió a los marroquíes. Estos le dieron la peor paliza de su vida, para que no volviera a intentarlo. No me lo creía pero me enseño cicatrices en su pecho y espalda. Después de eso ya no dude de sus historias.
Viajó a Tánger y volvió a preparar su venida a España. Tuvo que trabajar duramente varios meses para ahorrar dinero y comprar una balsa neumática entre otros treinta jóvenes negros. Solo pudieron comprar la lancha, el motor era demasiado caro. Cruzarían el estrecho a remo. Se prepararon bien. Eran treinta en total, 10 remaban en un lado, otros diez en el otro y el resto descansaba para hacer relevos. Tenían comida y agua necesaria para tres días. Las corrientes son muy fuertes en el estrecho. Todos sabían muy bien lo que arriesgaban. Si perdían el rumbo y se adentraban en el Mediterráneo seguramente morirían. Si la barca se volteaba en una tormenta las tenían todas consigo para acabar su viaje en el fondo del mar. Tuvieron suerte, baraka decía el, y llegaron a Algeciras de noche. Chacun pour soi (cada uno por su cuenta en francés) y todos desaparecieron en Andalucía. Sus compañeros querían ir a Francia, todos hablaban francés y sería más fácil. Pero a Babun le gustaba España y quería quedarse aquí. No sé cómo acabó pero al final llegó a Madrid.
Y entonces le cogió la policía. Como todavía conservaba documentos de Camerún con su edad, 17 años, la policía le envió a un centro de acogida de menores. Esa fue su fortuna. Le pusieron con chicos españoles de su edad y aprendió castellano rapidísimo. Porque Babun habla 5 idiomas: fula y ewondo que son dos lenguas africanas, y también español, inglés y francés a nivel conversación fluido. Y yo que solo hablo español y chapurreo el inglés con el doble de años… Me pregunto cuántos jóvenes españoles hablan 5 idiomas sin carrera universitaria.
Cuando sabía lo suficiente de español se puso a estudiar una formación profesional de electricista. En algunos meses conseguirá el título y pensaba en volver a Camerún. Con un título europeo podría conseguir un buen trabajo. Pero le gustaría más quedarse en España y ayudar a su familia desde aquí. Me dijo que quería enviar 50 euros a su hermana y 50 euros a su madre. Con eso podrían comer dos meses en Camerún. Aquí en España la comida no es un problema pero en África sí. Cuando se levantaba por la mañana en su barrio de Camerún su gran preocupación era como encontrar comida e incluso donde encontrar agua potable.
Babun necesitaba este trabajo para poder enviar algo a su familia y comprarse algo de ropa. Tampoco era tanto pedir. No le importaba patearse Madrid después de sus clases
Acabamos la prueba y le di mi teléfono pero nunca me llamó, creo que no quería molestar. Los que si me llamaron fueron los de la agencia de publicidad. Me ofrecían 30 euros al día por 6 horas buzoneando Madrid y las afueras. Sin contrato, pero me pagaban al final del día en metálico. Les comenté que Babun necesitaba el trabajo más que yo. Su respuesta me enfadó enormemente.
“Mira es que los negros no dan buena imagen para nuestros clientes y además no les abren los portales tan fácilmente. A ese Papu o como se llame no lo íbamos a seleccionar pero como quería buzonear y hacer la prueba gratis pues le dejamos. Preferimos españoles como tú o como mucho búlgaros o ucranianos blancos. Gitanos rumanos tampoco. Qué, ¿te interesa el trabajo o no?”
Les respondí gritando que se metieran el trabajo donde les cupiera y que eran unos racistas de mierda.
Y cuando colgué, pensé que con lo que yo podía ganar en Madrid con un trabajo miserable; una persona en Camerún comería un mes e incluso les sobraría dinero. Y lo que yo rechazaba otro lo aceptaría dichoso.