Barcelona les

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Yo soy inmigrante por necesidad. Después de mi triste experiencia en Inglaterra volví a Madrid a casa de mi Madre con la que me llevo fatal. Busqué algunos trabajos en mi ciudad pero apenas pagaban 700 €. Por suerte encontré un trabajo en Barcelona con un sueldo genial: 1200 euros en doce pagas anuales, vacaciones prorrateadas. Así que no me lo pensé dos veces y a Barcelona me fui.
 
Que puedo decir de esta ciudad. todos están locos. Y no lo digo por los independentistas, que en el fondo me dan igual. Es por la gente en general. Están todos pero que muy colgados. Me alojé las dos primeras semanas en un hostal de mala muerte, mientras buscaba habitación como loca. No fue tarea fácil, especialmente por los arrendatarios. El primero era un medio poligonero, que tenía una pensión por invalidez (un accidente de moto)  y que su principal objetivo era que me quedara en su habitación con él, especialmente en su cama. El segundo era un ecuatoriano, muy majo al principio, y a los pocos días descubrí que traficaba con drogas en la casa y decidí salir corriendo. Venía gente muy rara a verle y me daba miedo hasta salir al servicio.
La tercera fue Neus, catalana y diez años mayor que yo. Vivía en una buena zona de Barcelona. Eran muy muy amable, demasiado. Yo soy una mujer independiente, y Neus era una pesada. Cuando volvía a casa del trabajo ella me perseguía por toda la casa sin parar de hablar. Me contaba toda su vida los problemas con su exmarido del que se había divorciado hace ya quince años. Estaba muy harta de los hombres, que eran todos iguales etc., etc. A mí no me importaba que me contara su vida, pero acababa agotada, realmente exhausta.
En el trabajo me lo notaron y me dieron un toque de atención. Creo que pensaba que iba de fiesta todas las noches y por eso venía con ojeras.
Neus continuo con su campaña de acoso amistoso. Un día fuimos de compras y me regaló un vestido negro muy bonito. Tanta generosidad me hacía sospechar. Pero ella decía: déjame hacerte un regalo. Estas tan guapa en eses vestidito….
Delgada no, estaban los huesos. Con tanto acoso se me cerraba el estómago y no podían comer. En el trabajo me llamaban la bulímica madrileña.
Un día todo reventó. Mi jefa me llamó a su despacho y me dijo que lo sentía, pero no encajaba en el equipo. Todavía no hablaba catalán, venía con ojeras al trabajo, que estaba demasiado delgada y ya está. Como tenía seis meses de prueba no podía hacer nada.
Llegué a casa desconsolada, esperando que Neus me ayudará. Pero lo primero que dijo fue:
-          Si te han despedido, ¿vas a poder pagar la habitación?
Pero luego se calmó, y me invitó a un café y un pedacito de tarta en una cafetería donde había oferta de merienda.
-          Siempre seremos amigas, si no puedes pagar todo lo de la habitación ya encontraremos un acuerdo, no te preocupes
Pero yo lo tenía claro. Debía irme de esa casa. Y dejar de ver a neus para siempre. En mi fuero interno ella era responsable de mi despido. Tuve suerte y encontré rápido otra habitación en un piso en el que vivian dos chicas.
Le conté un rollo a neus que me volví a Madrid y nada más salir del portal la bloque en whatsapp.
Comenzó una nueva época de mi vida en Barcelona más surrealista todavía.
Si tengo un lema o un eslogan que me defina, sería:  ” Salí de Malaga para ir a Malagón “. Y es la pura verdad. Salgó de una situación problemática para encontrar otra peor.
 
Las dos nenas con las que compartía piso se llamaban Celia y Viviana. La pareja estaba en proceso de separación, me lo confesaron abiertamente cuando les pague el mes. La habitación me costaba 240 €, 100 € menos que con antigua acosadora.
A mí no me importaba vivir con dos lesbianas. Soy de mente abierta y tengo amigos gays. Mientras no me hagan nada… Porque yo soy pequeñita y bajita. Y ellas son grandes y gordas. O sea, que me pueden. Pero nunca tuve miedo de que me agredieran. Poco a poco me hice amiga de las dos por separado. Porque entre ellas estaban siempre discutiendo… Y descubrí un mundo lleno de emociones y sentimientos exagerados que poco a poco me engulló… Tanto que los dos meses que estuve con ellas no puede buscar trabajo, a tal punto que absorbían.
Celia era catalana. Había estado casada, divorciada y sin hijos. Tenía un Hermano el cual estaba internado en un psiquiátrico. Tenía problemas con los cuchillos y por eso no podían dejarle sólo. La custodia la tenía una tutora porque Celia no quiso aceptarla. La catalana no trabajaba y estaba todo el día en casa. Vivía de una pequeña pensión y lo que sacaba por habitación. Aparte de esto, tenía muchas deudas por créditos que había pedido a instancias de Viviana.
La tal Viviana era peruana, Celia la conoció por internet después de su divorcio. Y tuvieron cinco años de noviazgo on line. No sé cómo pasó, pero al final la peruana dejó su trabajo de bombero y se vino a Barcelona, donde se casaron para conseguir los papeles.
El problema es que no se aguantaban, se separaban y se volvían a juntar. Se divorciaron y se volvieron a casar para conservar el permiso de residencia. En el tiempo que pase con ellas la bombera (que ahora trabajaba cuidando ancianos) se fue tres veces de casa y regresó al día siguiente exigiendo disculpas.           
Para mi es que las dos eran unas listas y se necesitaban mutuamente para lo emocional y lo material. La pensión de Celia era 100 euros más porque tenía una pareja a su cargo
Con todas las horas de conversación con ellas dos, descubrí poco a poco el mundo de las lesbianas. Porque ellas tampoco tenían pelos en la lengua y me lo contaba todo, con todo lujo de detalles. Descubrí lo que era el sexo vainilla: los preliminares besos y caricias. Lo de siempre entre cualquier pareja. También descubrí la diferencia entre lesbiana, lesbi y les.
Lesbianas son las odian a los hombres, las lesbis son más guays y abiertas, tienen amigos gays y heteros.
Por último, están las Les que serían como las más creativas y artísticas. La elite de las lesbianas para entendernos. Celia pertenecía a este grupo, y yo también, aunque fuera hetero, me aseguró.
Normalmente en las parejas lesbianas hay un macho y una hembra, pero en el caso de estas dos no lo tenía tan claro. Sospecho que era la catalana el hombre porque siempre se quejaba de que la peruana no quería hacer la tijereta, que nunca tenía ganas, etc.
Viviana tenía su propia versión: Que la otra siempre piensa en lo mismo en lugar de buscar dinero, que la había traído a España engañada, etc.
Un día que yo estaba fuera tuvieron una bronca de narices. Tanto que cuando llegue a casa estaba la policía. Pasé un mal trago pues me interrogaron y me dijeron que hacia una madrileña en Barcelona sin trabajo ni ingresos.
La peruana se empeñó en denunciarla por malos tratos. Pero resulta que no hay malos tratos punibles entre parejas de mujeres. Solo entre un hombre y una mujer o entre dos gays. Pues los maltratadores según la ley son exclusivamente hombres, nunca mujeres.
Celia la quiso echar de casa delante de los policías, pero como seguía estando casada no podía.
Y yo en medio con los mozos de escuadra que consideraban que era yo una más del club de colgadas.
Fue la gota que colmó el vaso. Al día siguiente cogí mi maleta y me fui de esa casa de locas. Por supuesto les bloquee en el whatsapp.
Adiós Barcelona Les
 
Bienvenida Barcelona ¿Qué me esperará ahora?