Breve historia de alicante

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Alicante, una ciudad con múltiples denominaciones y más de tres mil años de historia. Sin lugar a dudas su primer nombre tuvo que ser ibero y se desconoce hoy en día. Los primeros asentamientos se localizaron en las laderas del monte Benacantil, donde ahora se encuentra el castillo de Santa Bárbara. El lugar era excelente por su proximidad al mar y la altitud que ofrecía seguridad. La mayoría de los poblados ibéricos y celtas se encontraban en una colina amurallada.
Pero fueron los griegos focenses quienes le pusieron su primer nombre histórico: AκραΛευκῆque se podría traducir como Promontorio o montaña blanca. Un punto de referencia importante para la navegación de cabotaje que hacían los griegos. Los focenses vienen del otro extremo del Mediterráneo, la  ciudad de Foça o Eskifoça se encuentra en el golfo de Esmirna, en la actual Turquía. Su nombre proviene de la palabra «foca» (animal), que fue el símbolo de la ciudad. Seguramente que no fueron los griegos los primeros extranjeros en visitar la ciudad, sino los fenicios. Alicante fue frontera entre dos imperios comerciales. Ambos pueblos comerciaron con los Iberos, pero fueron los griegos quienes fundaron un enclave comercial no lejos de la montaña blanca, probablemente donde ahora se encuentran los Baños de la Reina en El Campello. Esta teoría tiene todo el sentido ya que los griegos se asentaban cerca, pero alejados de centros de poblamiento Ibero. La zona del Campello estaba al lado de la desembocadura de un río (hoy desaparecido) y  tenía una zona elevada donde fortificar el enclave comercial.
Con el paso de los años los cartagineses sustituyeron a los fenicios. Amilcar Barca situó allí su principal acuartelamiento poco antes de la segunda guerra púnica al darse cuenta de las posibilidades que ofrecía como asentamiento militar. Podemos fácilmente imaginar las tropas mercenarias cartaginesas acampadas en las laderas de la montaña, con establos para los elefantes y la caballería.
Todos conocemos la historia. Cartago perdió y Roma ganó. En el 201 a. C. los romanos capturan la ciudad íbera llamada Leukante o Leukanto. Lo más seguro es que prefirieran asentarse en el antiguo enclave griego ya que con un aceptable puerto marítimo-fluvial en la desembocadura del barranco de la Albufereta. Lo primero que hicieron es cambiar el nombre por LUCENTUM, influidos por la luz brillante del levante Español. Fue esta la capital de la región romana de Contestania (que incluía Alicante y Murcia). El imperio y la PAX romana fueron muy favorables a la incipiente ciudad y comenzó a crecer. En la zona de Benalúa parece ser que hubo una factoría romana que se especializó en el pescado y especialmente en la creación del Garum (una salsa agria a base de entrañas de peces) que era un afrodisiaco de la época, consumido por la clase alta romana.
El Lucentum romano comenzó a expandirse, aunque parece que no llegó a los 1000 habitantes en esta época. Fue al final del dominio romano cuando el río que desembocaba junto a la ciudad comenzó a enfangarse y dejó de  ser adecuado como el puerto y queda el asentamiento rodeado de marismas y pantanos palúdicos insalubres. Poco a poco su población se va desplazando progresivamente hacia las faldas del Benacantil, dando lugar al actual casco urbano de Alicante.
Los pueblos barbaros que invadieron el impero romano también pasaron por Alicante: Los alanos primero que fueron expulsados por los visigodos. Los bizantinos también llegaron a estas costas y mantuvieron su poder menos de un siglo hasta que al final fueron expulsados por los visigodos. Todos estos pueblos dejaron huella en alicante.
Pero fueron los árabes y magrebíes el invasor que marcó definitivamente el espíritu de la ciudad.
Entre el 718 y el 4 de diciembre de 1248 la ciudad cae bajo dominio islámico, pasando a llamarse Medina Laqant o Al-Laqant (de ahí viene directamente el nombre de Alacant). Pero fue una ocupación muy diferente del resto de España. Cuando los ejércitos invasores llegaron a la Contestania se encontraron un jefe visigodo, Teodomiro, bien organizado y capaz de hacerles frente (de hecho había rechazado una flota bizantina unos años antes). La practicidad triunfó y se firmó un tratado de capitulación el 5 de abril del año 713, entre Abd al-Aziz ibn Musa (hijo de Musa ibn Nusair, gobernador del norte de África) y el potentado visigodo Teodomiro. Este tratado reconocía a Teodomiro, la salvaguarda de sus propiedades y el gobierno del territorio pactado, y también procuraba a la población cristiana el respeto de sus vidas y sus familias, de sus propiedades y el culto religioso, a cambio del reconocimiento de la soberanía musulmana y un pago anual de un impuesto personal en dinero (yizia) y otro territorial en especie (jaray). Teodomiro o Tudmir fue más héroe que una traidor a mi manera de ver, pues aseguro la paz a sus súbditos y el respeto de la religión cristiana.
Pero esta libertad no duró mucho. Hacia 739 se produjo la revuelta bereber en el Magreb. El califa mandó un ejército sirio, que fue derrotado, y sus restos se instalaron en Al-Andalus para combatir a la revuelta bereber andalusí. Las disputas entre clanes árabes provocaron la guerra civil en Al-Andalus, y en el 743 el nuevo valí andalusí Abul Jatar acantonó a las tropas sirias en distritos militarizados (yund)​ y uno de ellos fue el yund de Egipto,  establecido en el antiguo reino de Tudmir. Fueron los musulmanes los que construyeron la ciudad vieja y el castillo de Alicante. La ciudad siguió los destinos de Al-Ándalus y tras el desmembramiento del Califato de Córdoba perteneció a las Taifas de Denia y Almería. El antiguo nombre de Lucentum evolucionó a medina Laqant​ o al-Laqant (en árabe لَقَنْت o ألَلَقَنْت), denominación que se mantuvo en la forma valenciana Alacant y que se castellanizó en Alicante.
En el año 1243, el gobernante musulmán de la Taifa de Murcia, Muhamad ben Hud, firmó el Tratado de Alcaraz con el futuro rey Alfonso X el Sabio, por el que el reino musulmán de Murcia se ponía bajo protectorado castellano: Murcia y todos sus castillos desde Alicante.
Pero aunque se intentó repoblar la ciudad con castellanos,  la carencia de suficientes pobladores cristianos unido a razones económicas prolongó la permanencia de la población musulmana. Sin embargo, el gobernador de Alicante, Zayyan ibn Mardanish, no aceptó el pacto y fue obligado, acompañado de muchos pobladores, a abandonar el área en 1247. Es muy interesante este hecho pues cerca de cuatrocientos años después, Entre octubre de 1609 y enero de 1610 los moriscos fueron expulsados de nuevo de España. Del puerto de Alicante partieron unos 30 000 con unas perdidas enormes para la económica de la región. Esta es otra constante de Alicante, ciudad de exilio. De ella salieron derrotados los últimos partidarios de los Austrias y también los últimos republicanos españoles en 1939. Parece que la historia se repite dos o tres veces.
Volviendo a esta breve reseña histórica, si bien los castellanos conquistaron la ciudad, la perdieron a manos de los catalanes por cuestiones dinásticas. En 1308, Jaime I la incorporó al Reino de Valencia. Esta doble ocupación marcó sin lugar a dudas el espíritu de la ciudad. La más castellana de Valencia y la más valenciana de Castilla. Alicante fue el puerto mediterráneo de castilla y esto empujó su economía hasta llegar a ser la tercera ciudad mercantil de España.
Pero el resto de la historia no fue muy pacifico que digamos. En 1691, durante el reinado de Carlos II, la armada francesa la bombardeó durante siete días consecutivos, destruyéndola casi por completo. Sin haberse recuperado todavía, la ciudad se vio inmersa en la guerra de Sucesión y esta vez fueron los ingleses que bombardearon el castillo ocupado por austriacos. Los ingleses triunfaron y tomaron el castillo, pero al poco tiempo fueron asediados por un ejército francés los cuales ante la imposibilidad de tomarlo volaron parte de las defensas con una enorme mina que desfiguró la forma de la montaña y de paso sepultó todo un barrio de la ciudad vieja. Como cambian las tornas, los enemigos son ahora amigos y vuelta a empezar. Durante la guerra de la Independencia fue capital provisional del Reino de España al estar ocupada Valencia por el mariscal Suchet.
No acabó la historia bélica de la ciudad. Durante la guerra civil del 1936 al 1939 fue fiel a la república y sufrió durante la guerra 71 bombardeos que causaron la muerte a 481 personas y el derrumbe de 705 edificios. Los últimos detenidos republicanos en la guerra lo fueron en el puerto de Alicante, y la mayoría sufrieron la estancia en el campo de concentración de Los Almendros.
Acabaré esta breve introducción histórica de la ciudad volviendo a sus múltiples nombres. Ya tenemos todos ellos. Empezando por el griego Akra Leuke, siguiendo con el romano Lucentum para terminar con Al-laqant árabe que se convirtió en Alacant en valenciano y Alicante en castellano. Por eso el escudo de esta ciudad tiene 4 letras que se corresponden con cada uno de estas denominaciones.
Por cierto, es escudo que vemos fue adoptado, pues pertenecía a la familia Torregrossa que ayudó al catalán Jaume I a conquistar la ciudad. Un último comentario antes de terminar. Si hay algo que identifica a Alicante es su castillo y la famosa cara del moro. Una formación rocosa en la que se puede reconocer una cara (desfigurada por la explosión de la mina que comentamos antes). Hay una leyenda muy bonita que no puedo evitar dejar en el tintero:
“Hace muchos, muchos años, el Califa de Alicante quiso casar a su hermosa hija Cántara con uno de los dos jóvenes musulmanes que estaban locamente enamorados de ella. Para escoger a uno de ellos el Califa tomó la decisión de que cada uno hiciera algo especial y Alá decidiría. El primero, llamado Almanzor, tenía que ir hasta la India a traer especias raras para su enamorada. El otro, de nombre Alí, tenía que cavar una acequia para traer el agua verde de del rio Tibi hasta Alicante.
 
Almazor realizó su viaje con éxito,  mientras Alí se dedicó a escribir poemas a Cántara y a cantar su belleza. Parece que las mujeres son muy auditivas en cuestiones de amor y lo cierto es que se enamoró de Alí. Cuando Almanzor volvió de su viaje con las especias, el Califa le concedió la mano de su hija. Alí, desesperado, se suicidó lanzándose por un barranco. Su enamorada, Cántara hizo lo mismo. El Califa murió de tristeza y, mágicamente, su efigie apareció grabada en el monte Benacantil. La corte, impresionada, decidió llamar a la ciudad “Alicántara”, de donde viene el nombre actual de Alicante.”