La Alergia española

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Todo comenzó en el verano del 2018. Al principio eran noticias sueltas e inconexas. Una carabela portuguesa (una especie de medusa del atlántico) había atacado a un niño en el Campello, cerca de Alicante. En Córcega había aparecido una nueva especia de alga urticante que amenazaba gravemente el turismo. A los pocos días se descubrió el mismo tipo de alga en Mallorca e Ibiza. En un par de días llegó al levante español.

Yo no me preocupaba por todas estas cosas, hasta que me tocó a mí. Recuerdo muy bien aquel 12 de octubre del 2018. Era festivo y me fui hasta la Albufereta a pasear por la costa. En una pequeña calita me bañé, pues hacía mucho calor.

Algo me pico, en realidad dos veces, una en la pierna derecha y otra en el brazo izquierdo. Eran dos heridas pequeñas pero me molestaban mucho. Por fortuna por esa zona crecía mucha aloe vera. Corté un par de hojas grandes y me restregué con ellas en las heridas. No sé si fue lo que me salvo o no. Las heridas me seguía molestado, pero menos. Por la tarde – noche quedé con unos amigos en el Portal de Elche. No sé si lo conocen, es una plaza muy bonita en el centro de Alicante que tiene un quiosco muy especial. Siempre está lleno, pero ese día tuvimos suerte y encontramos sitio donde sentarnos. Mis amigos son británicos y lógicamente estuvimos bebiendo cerveza toda la tarde noche. Yo me sentía un poco mal, mareado, pero lo achaque a la bebida. Recuerdo algo que me llamó la atención. La plaza donde estábamos sentados es muy conocida por los arboles gigantes que tiene (Ficus macrophylla es su nombre científico). Pues bien el color de sus hojas era un poco fluorescente. No demasiado, solamente un poquito. Pero era realmente inquietante…. Ese fue el comienzo del fin.

Llegue a casa bastante tarde. Esa noche dormí bastante mal y me desperté peor. Me pase el fin de semana medio enfermo, pero no demasiado. Seguí dando la aloe vera en las heridas y parecía que se curaban. Llegó el lunes y me sentía fatal. Tosía mucho pero tenía que ir a trabajar. La solución al absentismo laboral es ser autónomo como es mi caso. No me puedo permitir ponerme malo pues día que no trabajo día que no cobro. Por ello aquel día fui al trabajo. Espero que mis compañeros me perdonen, allá en el cielo. Creo que les contagié a todos, al final del día escuché muchas toses en la oficina. Esa misma tarde empecé a empeorar. Me costaba respirar y las toses no paraban. Me dopé con paracetamol, jarabe para la tos y por supuesto la crema de aloe vera en mis dos heridas que empezaban a ser un poco fluorescentes. No era normal, lo sabía. Tenía que ir al médico con urgencia y pedí cita para el siguiente día por la tarde.

No conseguí ir al médico por mi propio pie. Al día siguiente estaba en la parada del autobús a las 8 de la mañana tosiendo cuando me desmayé. Fue un señor viejecito quien me salvó la vida. Le había visto en la misma parada durante meses pero nunca le había dirigido la palabra. Pero me ayudó y llamó a una ambulancia que me llevó al hospital. Desde aquí mi agradecimiento póstumo.

Poco recuerdo de aquellos días pre epidémicos. Parece ser que fui el primer paciente, el paciente 0 como me llaman ahora. Uno de los doctores conocía a un amigo mío, y gracias a ello me trato con especial cariño. Fue de él la idea de entubarme (me metieron unos tubos por la garganta para permitirme respirar con una maquina). Esto fue lo que me salvó. Luego entré en coma. Todo lo que les voy a contar a continuación lo descubrí después de despertar, tres años más tarde…

La gran alergia española o alergia fluorescente como la llamaron se llevó al 60% de la población mundial. He de reconocer que no entiendo muy bien que era pero intentaré explicarlo lo más sencillamente posible. El cambio climático hizo que algunas especies marinas mutaran desarrollando unas toxinas muy agresivas. Comenzó con un cierto tipo de medusas (como la carabela portuguesa) y se transmitió a las algas marinas. No se sabe muy bien como (si las gaviotas o algunos insectos) pero del mar pasó a la tierra y se cebó en los árboles. Se contaminaron y el polen fue letal para los humanos. También influyó mucho el CO2. Fue como un catalizador para que la enfermedad se expandiera  como un incendio…

Cuando desperté el mundo había cambiado radicalmente. He de reconocer que lo que les voy a contar lo fui descubriendo poco a poco. Al principio nadie me decía nada, solo me hacían pruebas y pruebas. Poco a poco fui viendo las noticias en los pocos canales de tv que quedaban y me fui haciendo mi composición de lugar en este mundo apocalíptico en el que vivimos.

A mis 50 años soy uno de los hombres más viejo del planeta. La enfermedad se cebó especialmente en la gente por encima de los 30 años. Casi todos murieron, asfixiados, el polen fluorescente de las plantas se metía en los pulmones y nadie superaba la semana de enfermedad. A los 15 días de estar en el hospital media España había muerto y lo mismo ocurrió en el resto del mundo. La alergia fue más activa en las grandes ciudades, donde la contaminación y el co2 ayudaron a su gran expansión. Europa, Asia, África y América pronto se contagiaron. Australia resistió algunos meses. Pero ni el bloqueo naval y aéreo pudieron con la alergia. El polen fluorescente llegó a todo el mundo excepto algunas islas del ártico y la Antártida.

Pero no todo es tan malo, la sociedad es mucho más dinámica que antes, llena de oportunidades para la gente joven sobreviviente. Hay trabajo y vivienda de sobra para todos. Los emigrantes son bienvenidos y se les dan todo tipo de facilidades, pero muchos prefieren quedarse en su país, donde hay tantas cosas que hacer. Los grandes problemas del mundo pre-alérgico no tienen ya ningún sentido. Ya no existen las pensiones, un 99% de los jubilados han muerto. Tampoco hay problema de vivienda, hay ciento de miles de casas abandonadas por todo el mundo. ¿Las hipotecas? Simplemente se olvidaron en el caos de la muerte fluorescente…  Todos los coches son eléctricos, pues los de combustión interna alimentaban la enfermedad con sus gases.

Pero no todo es tan hermoso. El racismo ha crecido de manera alarmante.

Déjenme explicarles. En este nuevo mundo hay tres tipos de seres humanos. Los inmunes, que son la mayoría, gente joven que pudo adaptarse al polen y sobrevivió. Son la población trabajadora que mantiene el mundo funcionando y están al cargo de los puestos intermedios de la Unión Mundial, la nueva organización política que surgió después de la epidemia. Luego estamos nosotros, los sobrevivientes. Somos los que superamos la enfermedad pero nos dejó secuelas, como esa maldita fluorescencia en los pulmones, el corazón y el cerebro. De día no se nota pero de noche sí, y mucho. Sé que nos miran mal, que piensan que somos los culpables de la apocalipsis. Todos sabemos que no es cierto pero la idea está ahí y noto la hostilidad en el ambiente cuando la gente se da cuenta de mi color. Por ultimo están los no-contagiados. Son la elite mundial (políticos, banqueros, altos empresarios). Huyeron de las zonas infectadas y se refugiaron en algunas islas del Ártico, donde sabían que el polen no llegaría. No son muchos pero siguen controlando el mundo desde allí arriba, en el remoto norte. Pero viven en el miedo pues no hay cura para la enfermedad. Si por algún motivo el polen llegara a sus refugios, morirían en unos días. Y lo saben muy bien, por ello tantos controles de seguridad para llegar a sus islas. Yo por ejemplo lo tengo prohibido, por ser quien soy, el paciente 0.

Creo que ha llegado el momento que les cuente algo más de mí vida actual. Las cosas me van bien. La fluorescencia en mi pecho no me molesta demasiado, aunque si les molesta a la mayoría de los inmunes que he conocido. Siento su hostilidad por ser diferente y haberme contagiado.

 

Pero ser el paciente 0 tiene sus ventajas. Viajo mucho y todo pagado. Voy a conferencias médicas y me hacen entrevistas para algunos medios de prensa y tv. Soy algo así como una estrella mediática. Mi barba blanca me hace muy reconocible.  Que rápido olvida la gente la cantidad de ancianos que había a principios del siglo XXI. Ahora soy algo especial por tener 50 años, pero hace no mucho tiempo no tenía nada de anormal. Formo parte de la generación del baby boom arrasada por la pandemia. Pero sobreviví. Somos un 0,1% de la actual población del planeta. Una pequeña minoría, sin representación política y con muchos prejuicios sobre nosotros.