El padre del corona virus

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Mi nombre no le interesa a nadie, pero debería ser el hombre más famoso del planeta. Me podeis llamar YK. Nací en japón. Mi padre fue un hombre de negocios exitoso, pero un pésimo padre que nos maltrataba psicológicamente a mi madre y a mí. No tengo muy buen recuerdo de él, pero me dio una formación científica y una carrera. Mi madre fue la típica mujer japonesa, sumisa y una buena madre.

El padre de mi padre fue un piloto kamikaze en la guerra. Murió por nada. El imperio se derrumbó justo cuando cumplía un año de su derribo en el pacífico. Nunca supe si realmente hundió un portaviones o fue abatido en el intento.

Mi abuelo por parte materna fue un científico que si ayudo realmente en la guerra. Si hay alguien en el mundo al que admiro, es el. Trabajo como científico jefe en la unidad 731 en Corea. Se conocía oficialmente como el Departamento de Prevención de Epidemias y Purificación de Agua del Ejército de Kwantung .

Mi abuelo organizó un grupo de investigación secreto, la "Unidad Tōgō", para la experimentación química y biológica en Manchuria. Trabajo en pulgas para diseminar enfermedades en el enemigo. Seguramente se inspiró en la Peste Negra de la Edad Media. Tuvo bastante éxito, pero no consiguió la victoria japonesa. Tras la derrota se entregó a los americanos y tuvo una especie de inmunidad colaborando con el enemigo. Fue gracias a el que mis padres pudieron progresar en los duros años de la postguerra. No fue mi padre quien me dio estudios, fue mi abuelo.

Hoy en día soy virólogo en excedencia del Departamento de Ciencias Patobiológicas de la Universidad de Wisconsin, Madison (E.E.U.U) y de la Universidad de Tokio (Japón). Ya no investigo y vivo apartado en una maravillosa villa en Florida, sin contacto con nadie. No puedo hablar con los medios y me mantienen a la sombra.

Siempre he querido crear el virus perfecto. El super virus que sea imposible de exterminar y que se propague más rápido que las pulgas de mi abuelo. Pues el apostó por la bacteria Yersinia pestis. Nunca conoció el poder de los virus.

He llevado mi trabajo en secreto, con las publicaciones justas para mantener mi puesto en la universidad. En 2012, publique un estudio en la revista Nature que demostraba que había conseguido modificar el virus de la gripe aviar H5N1 para que se propagara entre hurones. Se creo una polémica en mi contra. La revista Science publicó

" Pero al permitir que el virus de las aves se propague más fácilmente entre los mamíferos, los experimentos generaron temores de que el patógeno pueda saltar a los humanos. Y a los críticos del trabajo les preocupaba que un virus tan mejorado pudiera provocar una pandemia si escapaba de un laboratorio o era liberado intencionalmente por un bioterrorista."

Yo pretendía un reconocimiento científico y lo que encontré es obscurantismo y miedo. Casi me despiden de la universidad. Pero esto no me hizo perder la fe en mi trabajo. En 2014, The Independent desveló que había manipulado genéticamente la cepa de la gripe pandémica (H1N1) de 2009, para que pudiera "'escapar' de los anticuerpos neutralizantes del sistema inmunitario.

Intenté explicar que "a través del diseño de nuevos virus resistentes al sistema inmune" habían identificado "elementos clave que favorecen la propagación del N1H1 en los humanos, para poder avanzar en su contención”.

Recibí muchas criticas de colegas científicos. Intenté explicar mis experimentos a un reducido grupo de virologos, pero uno de ellos me traicionó. The Independent sacó a la luz esta información, y los comentarios “horrorizados” de los virólogos consultados. Ellos creían que los efectos de mi estudio serían mucho mayores a los causados por la gran gripe española de 1918, que en tan sólo un año acabó con la vida de entre 50 y 100 millones de personas.

Tuve que volver a justificar mi obra con un correo electrónico explicando que mi investigación tiene el objetivo de descubrir cómo podría mutar el virus en el futuro. Asimismo, demostré que había presentado mi descubrimiento a un comité de la Organización Mundial de la Salud (OMS), “que lo recibió muy bien”.

Me había ganado muchos enemigos, especialmente el profesor de la Universidad de Oxford y expresidente de la Real Sociedad de Londres para el Avance de la Ciencia, Lord Robert May. Llegó a publicar que “El trabajo que está llevando a cabo es una auténtica locura”. Y así me gane la fama de científico loco.

Tanta polémica me fue a la larga beneficiosa. Una cierta organización que no voy a mencionar me contacto para que continuara con mis experimentos en un laboratorio especial. Al decir especial digo secreto. Con fondos ilimitados y una cierta alineación con mis ideas: Conseguir el super virus.

Entonces avancé muy rápido. Conseguí modificar el virus H5N1 y lo fusioné con el virus VIH para crear el coronavirus. Fue una obra de arte, una pieza de orfebrería capaz de multiplicarse a una velocidad vertiginosa. Estoy muy orgulloso de mi creación.

Cree variantes del virus: la militar con un 30% de letalidad, la altamente contagiosa pero no tan letal y la oculta. Encontré que un cambio en el genoma hiciera que no presentara síntomas el infectado pero que sea un super contagiador. Una idea genial. Los contagiados haría vida normal y expandirían la enfermedad a todos con los que se relacionaran. No se puede atajar una pandemia si los portadores no tienen síntomas.

Justo en el momento que comunique mis resultados me apartaron del proyecto. De un día para otro me jubilaron, sin previo aviso. Ahora vivo en esta villa en Florida, con todo lo que pueda desear, pero sin la libertad de seguir trabajando y con la prohibición de todo contacto con el mundo externo. Todos mis correos son censurados y hasta han puesto un filtro para que no pueda hacer búsquedas libres en la red.

A los pocos meses supe por qué. Mi obra fue liberada al gran público. Todo el mundo oirá hablar del coronavirus, pero nadie sabrá nunca que yo fui su padre.