Gobierno, corrupción y arrepentimiento

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La verdadera historia de Gonsalvo Monroy, último marqués de Malta desde 1425 hasta su muerte.

 Gonsalvo Monroy nació a finales del siglo XII probablemente en Galicia en una familia noble llegada a menos. En aquellos tiempos el primogénito de la familia heredaba la tierra, el resto se hacían militares o curas. Gonsalvo eligió el camino de las armas, emigró a Barcelona y guerreo para el rey Alfonso V. Eran los tiempos en que Aragón conquistaba el mediterráneo occidental.

Fue capitán de galera y pronto aprendió que el verdadero negocio era ser corsario. Lucho contra los moros a su manera, saqueando barcos y vendiendo esclavos en el mercado de Djerba, cerca de Túnez. Fue un hijo de su tiempo y nunca olvido pagar su parte al soberano aragonés. Con varios años de trabajo amaso una considerable fortuna para la época

En 1420 se preparó una gran campaña contra Cerdeña. En marzo del mismo año, desde Los Alfaques, actualmente la Rápita en Tarragona, salió una flota de 24 galeras. Goncalvo Monroy participó en ella. Fue un éxito pues la llegada de la flota hizo que los rebeldes se sometieran sin presentar resistencia. Para recompensar sus servicios, el rey Alfonso V le prometió una baronía vacante en 1420 y le ofreció el castillo de Motta Sant'Anastasia en Sicilia.

Goncalvo no se conformó con un simple castillo en Catania. Desde siempre había querido conquistar un reino, o al menos un archipiélago.


 

El rey Alfonso V necesitaba dinero para pagar los gastos hechos por su padre para apoyar al papa Benedicto XIII contra el papa Martin. Por ello vendió el señorío de Malta a don Antonio Cardona por la suma de 30.000 florines. Un florin era una moneda de oro genovesa de 3,5 gramos de oro de casi 24 quilates. El valor de una moneda sería hoy en dia 159 euros. 30.000 florines genoveses supondrían 4.755.450 euros.


Goncalvo conocía a Carmona en los buenos tiempos de corsario. Un acuerdo secreto le permitió recuperar la posesión del archipiélago maltés. De hecho, en 1425, el marqués de Malta, Antonio de Cardona, necesitado de dinero, vendió el archipiélago maltés a Gonsalvo Monroy por la misma suma de 30.000 florines que había adquirido cinco años.

Monroy tenía fama de duro negociante y buscó extraer el máximo de ingresos del archipiélago que tanto le había costado.

Los primeros años de gobierno de Monroy no son bien conocidos. En un comienzo los malteses no se opusieran con demasiada fiereza a su nuevo señor. Pero Monroy se hizo odiar especialmente por los malteses por su arrogancia y no entender la realidad de la isla. Para el los malteses eran como en Valencia, moros recientemente convertidos. La realidad era otra. Tras la expulsión de los musulmanes en 1248 la lengua árabe y la siciliana convivieron y Malta dependió de diversos señores, conservando instituciones propias y reconvirtiéndose en cristiana. Hacia apenas dos años, en 1423, una incursión musulmana asoló las islas y se llevó a muchos prisioneros como esclavos, incluido el obispo de Malta.

El rey tomó represalias enviando una escuadra de galeras para atacar Djerba y la Kerkennah. La flota repostó en Malta, llevandose todas las provisiones que pudieron. Tras su partida, la hambruna se apoderó del archipiélago.


Esto es probablemente lo que motivó a los habitantes de Gozo a rebelarse contra su señor en 1425. La revuelta se extendió entonces a la isla principal durante el año siguiente para convertirse en la Insurrección Maltesa de 1425-1428.

Monroy no pudo sofocar la rebelión en Gozo ni en la isla de Malta. Los rebeldes saquearon su casa en Mdina. Tuvo que huir y se encontró asediado con su esposa Constance Monroy en su castillo de Birgu, el Castrum Maris. Esta mujer desempeño un papel muy importante al final de esta historia.


Cuando Alfonso V fue informado, se sorprendió de no haber recibido ninguna queja de la población de la población de Malta. Envió a los dos virreyes de Sicilia, Niccolò Speciale y Guglielmo di Montagnans, con la misión de  restablecer la calma. Pero Guglielmo di Montagnans informó al tribunal de que había sido insultado por los malteses. Se reunió entonces una fuerza militar y naval para sofocar la revuelta por la fuerza, liberar a Monroy y castigar a los insurgentes.

Ante esta amenaza, dos sacerdotes malteses (Don Cataldo Cusburella y Don Gregorio di Bonello) fueron enviados en una embajada para asegurar a los virreyes de Palermo que los súbditos malteses se someterían. Desde hacía casi un siglo (1373) Malta tenía una asamblea (Università) propia que dicta sus normas y guardaba su independencia con respecto a los señores.  

Pero los virreyes consideraron que la ofensa a su persona era demasiado grave para conformarse con tan poco. Se enviaron otros emisarios malteses a la corte real. Alegaron sobre todo la desesperación de la población y su absoluta lealtad a la corona, pero el rey insistió en que las islas pertenecían a Monroy. Buscando una solución pacífica a la crisis, los malteses propusieron entonces recomprar ellos mismos el archipiélago a Monroy. Las tensiones se relajaron y la expedición militar se suspendió. Constanza, la mujer de Gonsalvo Monroy, tuvo permiso de ir a comprar alimentos a Mdina.

Encontrar 30.000 florines en la isla en pocos meses era una tarea imposible. Y cuando Niccolò Speciale vino a recoger el dinero a finales de 1427, los malteses no estaban cerca de llegar a sesa enorme suma. Pero obtuvieron un retraso en el pago y sobre todo el apoyo de los virreyes contra Monroy. Finalmente, el 30 de diciembre de 1427 se firmó un nuevo acuerdo, en el que los malteses estaban representados por Antoni Desguanes y Antonio Bagnolo: se pagaron inmediatamente 15.000 florines a Constance Monroy y se entregó el Castrum Maris a Antoni Desguanes, donde se encerrarían cuatro rehenes malteses hasta que se pagaran los 15.000 florines restantes en octubre de 1428.

Se impusieron fuertes impuestos a la población para recaudar la suma, en particular a la comunidad judía de Malta. Todo el mundo estaba obligado a contribuir, incluso el clero y los empleados del Castrum Maris que se negaban a hacerlo. Los malteses se esforzaron por conseguir fondos suficientes. En octubre de 1428, sólo les faltaban 10.000 florines para llegar a los 30.000 previstos.

Pero todo cambio inesperadamente. Gonsalvo Monroy estaba agonizando en su castillo de Catania. Seguramente como buen cristiano se arrepintió de todos los malos actos de su vida. Recordó sus años de corsario, la arrogancia de su pasado y su mal gobierno corrupto en el archipiélago maltes. Como hijo de su época, antes de morir se encomendó a Dios y al rey.

Por ello antes de morir redacto testamento, perdonó a los malteses por sus ofensas, les eximió de los 10.000 florines restantes e incluso llegó a devolver los 20.000 florines que ya había recibido, la mitad para el rey Alfonso V y la otra mitad para ser devuelta a la población maltesa.

Monroy murió el 12 de abril de 1429. Los malteses adquirieron su Magna Carta Libertatis y se incorporaron al reino de Aragón. El rey les garantizo que su archipiélago no sería nunca mas vendido ni revendido. Y les autorizó a oponerse por la fuera a un nuevo intento de compra.

Aunque el gran beneficiario fue el rey de Aragón, que obtuvo 40.000 florines en total por unas islas que al final volvieron a su posesión.

La alegría de malta duró poco, en el mes de septiembre de 1429 una escuadra musulmana de 70 barcos y 18000 hombres asalto la isla secuestrando a 3000 malteses que serían vendidos como esclavos en Túnez

A pesar de todo, los malteses tuvieron más de un siglo de autonomía casi total dentro de la corona española. Pero Carlos V olvidó todas las promesas y acuerdos de Alfonso V y regaló Malta en 1530 a los caballeros de la orden de San Juan de Jerusalén, expulsados de Rodas por los otomanos.

Aquí quien perdió fue el Rey, pues cedió todo el archipiélago no por dinero, sino por solo un halcón maltes al año. 35 años después ocurriría uno de los acontecimientos históricos más celebrados de la Europa del siglo XVI, hasta el punto de que Voltaire dijo: "Nada es más conocido que el sitio de Malta".