putin el hombre sin rostro

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Reseña

Fiona Hill y Clifford G. Gaddy, socios de la Brookings Institution, trazan un retrato matizado del enigmático líder ruso que alguien describió como “el hombre sin rostro”. Son expertos en política exterior de Estados Unidos y superan los clichés de otras biografías de Putin para crear una visión más compleja de lo que lo motiva. Describen su pasado y su carrera en la KGB y exploran la manera como desarrolló sus agresivos conceptos del capitalismo, la política exterior y la seguridad interna. Gracias a su minuciosa investigación, experiencia política y estilo imparcial, Hill y Gaddy revelan a un hombre complejo, astuto y a veces contradictorio que exige ser entendido en sus propios términos.

Ideas fundamentales

  • Vladimir Putin encarna seis identidades en la política doméstica y exterior: el estadista, el historiador, el superviviente, el forastero, el comerciante y el oficial de la KGB.
  • Como estadista, busca restaurar Rusia a su posición como gran potencia.
  • Como historiador, aviva los sentimientos nacionalistas para obtener beneficios políticos internos y externos.
  • Como superviviente, Putin se mantiene preparado para lo peor, como los ataques del mundo exterior.
  • Putin creó su imagen de forastero como un populista y como alguien duro para obtener apoyo político.
  • Como libre comerciante, cree que los capitalistas tienen éxito, no por competir en el mercado, sino por explotar las debilidades de sus competidores.
  • Sus habilidades de oficial de la KGB lo convierten en experto en evaluar personas y aprovechar sus debilidades para su ventaja estratégica.
  • Putin cree que Estados Unidos y Europa fomentaron el movimiento de oposición que tomó las calles en el 2011.
  • Recurre a su identidad de estadista y la de supervivencia para disuadir lo que percibe como una agresión de Occidente contra los intereses rusos.
  • Putin hará negocios con Estados Unidos y sus aliados, pese a que lucha contra Estados Unidos en todos los frentes.

Resumen

Los seis rostros de Vladimir Putin
Vladimir Putin desconcierta constantemente a los líderes occidentales. Angela Merkel, canciller de Alemania, dijo que “vive en otro mundo”; y Putin considera que su mundo es muy diferente del que ven sus homólogos occidentales. Su visión del mundo deriva de muchas influencias: lo singular de la historia y la cultura de Rusia, su experiencia personal, que se remonta a una infancia difícil en Leningrado, y la cultura de la organización en la que desarrolló su carrera. Para decidir qué estrategias aplicar en respuesta a Putin, los políticos y los gobiernos occidentales deben entenderlo primero.

“El ‘putinismo’ (…) incluyó la recreación de un aparato estatal centralizado más autoritario –el llamado ‘vlasti vertical’ o la vertical del poder– y ser más asertivos en política exterior””.

Putin es un hombre complejo y de muchos rostros que encarna seis identidades distintas y superpuestas: estadista, historiador, superviviente, forastero, libre comerciante y oficial de la KGB; y ha adoptado esas identidades en toda su carrera política para guiar su estilo de gobernar y su agenda de política interna y externa.
El estadista
Cuando Putin tomó el timón como presidente de Rusia en el 2000, el aparato estatal estaba en desorden. Las élites rusas de diversas posturas ideológicas creían que la destrucción del Estado soviético por Boris Yeltsin durante los años 1990 había sido muy rápida e innecesariamente amplia. El impacto económico de la terapia de choque de la privatización de los activos estatales había sido muy severo. Putin tenía la intención de imponer la ley y el orden en el gobierno ruso. Días antes de asumir la presidencia, describió su visión del futuro del Estado ruso en su “Mensaje del Milenio”, que los analistas consideran ahora como la declaración de su misión política.

“El concepto de Putin para tratar con el mundo exterior se basó en la idea de ‘peredyshka’ o creación de un espacio para que Rusia se centre en sus propios asuntos””.

Putin introdujo una filosofía conservadora, que denominó “idea rusa”, que exaltaba los valores de estabilidad, patriotismo, solidaridad, colectivismo y derzhavnost, es decir, la idea de que por su destino y su tamaño Rusia debía ser una gran potencia influyente en el escenario mundial. La idea de Putin era tener una narrativa clara –y la justificación– de la necesidad de las reformas política y económica. También se propuso restaurar el papel central del Estado en la regulación y la dirección de la sociedad.
El historiador
Putin es un estudioso de la historia y lee ávidamente las memorias de personajes importantes del pasado de Rusia. Frecuentemente invoca la historia imperial rusa como la guía del retorno a un Estado fuerte y centralizado del que es la cabeza neo-zarista y autoritaria. Es adepto a manipular la historia rusa para elaborar su política.

“Su experiencia colectiva ha convertido a la población rusa en sobrevivientes, personas que piensan y se preparan constantemente para lo peor””.

Se abre al pasado autocrático y zarista de Rusia y subraya su orgullosa historia como un Estado fuerte e independiente cuyo desarrollo político difiere del de las democracias de Occidente. Putin traza similitudes entre el pasado y el presente para forjar y legitimar un sistema de gobierno –el putinismo– en el que él lleva el Estado ruso al despertar de sus antiguas glorias.

“El capitalismo (…) no es producción, gestión y marketing. Es rodar y tratar. No se trata de trabajadores y clientes. Se trata de relaciones personales con los reguladores””.

Invoca el recuerdo de antiguos autócratas rusos que, después del colapso imperial y económico, buscaron la unidad del Estado e insistieron en las principales reformas estatales por medios no revolucionarios. Cultiva una aguda imagen de sí como reformador moderno, diferente de los zares que lo precedieron.
El sobreviviente
Los padres de Putin sobrevivieron al sitio nazi de Leningrado. Su hermano mayor murió durante el bloqueo y su familia guarda negros recuerdos de esa pérdida traumática, la escasez de comida y otras privaciones durante la guerra. Su familia, como casi todos los rusos que vivieron la guerra, adoptó una mentalidad de supervivencia: siempre preparada para el próximo asalto del mundo exterior. Se prepararon para lo peor para que, cuando se produjera el desastre, no los sorprendiera desprevenidos.

“Cuando Putin llegó a Moscú en agosto de 1996, pocos en las élites de Rusia se hacían ilusiones sobre la profundidad de la crisis interna del Estado””.

La mentalidad de supervivencia de sus padres moldeó profundamente la visión política que tiene del mundo. Putin aplica la idea del peor de los casos a la elaboración de políticas y el cálculo político. Busca enérgicamente construir y proteger el “material estratégico” y las reservas financieras del país para enfrentar una serie de contingencias y ayudarlo a soportar una crisis económica futura.
El forastero
Putin era un intruso en el establishment político nacional cuando llegó a Moscú en 1996, lo cual hace aun más notable su rápido ascenso a la cima del Kremlin en muy pocos años. Después, para su ventaja política, perfeccionó magistralmente su condición de forastero y cultivó con cuidado una imagen populista y anti-establishment.

“Vladimir Putin ha pasado mucho tiempo realzando sus orígenes como forastero””.

Con su equipo de relaciones públicas, proyecta una imagen de matón y duro, que contrasta con la élite política de Moscú, que le trajo el éxito electoral al crear una relación personal con el ruso común.
El libre comerciante
En los despreocupados años 1990, Putin adquirió experiencia práctica en la economía de mercado durante su período como teniente de alcalde de San Petersburgo, donde el capitalismo dependía de los tratos y relaciones personales. A partir de esa excitante época, llegó a la conclusión de que Rusia debía adoptar el sistema de mercado para sobrevivir: vio que los ganadores del modelo capitalista eran los más hábiles para “explotar la debilidad de los otros” y no los mejores vendedores de bienes y servicios a precios competitivos.

“Putin seguirá encontrando debilidades en las defensas de Occidente para incitar e intimidar a los líderes y públicos occidentales y para asegurarse de que todos sepan que cumplirá sus amenazas””.

Sin la carga ideológica, adoptó un enfoque pragmático de la economía, evaluando qué funcionaba y qué no. Para él, las metas de construcción y protección del Estado no significan fomentar el liberalismo económico, sino abogar por el pragmatismo inteligente, que incluye la disciplina fiscal y la política macroeconómica para salvaguardar el Estado ruso.
El oficial de la KGB
En su preparación como oficial de la KGB, Putin aprendió a “trabajar con la gente”, como lo describió amablemente: cómo identificar, reclutar y mandar agentes y cómo recopilar y usar la información como un arma. Cuando llegó al Kremlin en 1996, aplicó esas habilidades a la esfera política y ha seguido haciéndolo. Putin estudia la psicología de sus oponentes internos y externos para entender qué los impulsa y así explotar su debilidad y tener una ventaja estratégica.
Rusia, S. A.
Los seis elementos de la visión del mundo de Putin moldearon su estilo de gobierno y su agenda política. En su enfoque de la gobernanza estatal, opera como jefe de agentes de la KGB: protege a los oligarcas del Estado y a unos de otros, con lo que gana influencia sobre ellos. Putin se ve como presidente general y planificador estratégico de Rusia, S. A.

“Rusia tendría que ser mejor, más agresiva y más inteligente que sus oponentes en la nueva guerra””.

Putin ve al pequeño grupo de élites poderosas –en especial a los oligarcas en su órbita– como gerentes operativos bajo su mando centralizado para aplicar su visión empresarial; pero la excesiva personalización de su estilo de gobernar reduce su capacidad para delegar. Su estilo de administración centraliza la toma de decisiones y el poder solo en él.
Política exterior
Putin recurre a su identidad de estadista resuelto a restablecer el lugar de Rusia como una gran potencia y una fuerza civilizadora. Es un sobreviviente que defiende a Rusia de las fuerzas externas hostiles. Putin utiliza su personalidad de historiador para avivar los sentimientos nacionalistas que apuntalan su base política y unen al país tras la noción de la Rusia resurgente.

“Mr. Putin había aprendido a identificar, reclutar y dirigir agentes y a (…) cultivar fuentes de información. También había aprendido a recopilarla, sintetizarla y utilizarla””.

Putin despliega al historiador en la escena internacional para crear un contexto histórico para sus reclamos geopolíticos y la agresión occidental que percibe, ampliando así su impacto. Despliega su identidad de oficial de la KGB en el país y el extranjero: usa su habilidad de espía para reclutar agentes, aplastar oponentes y manipular información para sofocar la disidencia interna y ganar puntos geopolíticos en el exterior. Mezcla la personalidad de oficial de la KGB con la de libre comerciante para hacer negocios y explotar la debilidad financiera de sus oponentes.
Protestas internas
El oficial de la KGB y el historiador se mostraron plenamente en respuesta a las protestas masivas que estallaron contra él en Moscú en el 2011 y el 2012. La mayoría de los ciudadanos que tomaron las calles eran miembros de la nueva “clase creativa” de Rusia: profesionales urbanos con privilegios sociales y económicos relativos. Muchos beneficiados por la restauración del Estado durante la primera década de Putin en el cargo querían democratizarlo ya.

“Putin llegó a (…) [la] conclusión de que EE.UU. era activamente hostil””.

Putin sofocó las protestas recurriendo al oficial de la KGB para infiltrar y acallar las voces disidentes; y el historiador lo ayudó a obtener la victoria en la reelección en marzo del 2012 mediante un mensaje populista atractivo en el que usó la narrativa de la unidad nacional.
Putin creía que Estados Unidos y Europa fomentaron el movimiento de oposición que tomó las calles en el 2011; y acusó a los gobiernos occidentales de pagar a los manifestantes y de tratar de influir más en la sociedad civil mediante las ONG occidentales y por medio de las redes de información.
La agresión occidental percibida
La opinión de Putin de que Occidente ha sido y es hostil con Rusia aumentó y se fortaleció en los muchos años de su mandato por una serie de actos agresivos de Estados Unidos y Europa. En el 2003-2004, su visión de Occidente se agrió por la invasión de Estados Unidos a Irak, la expansión de la OTAN hasta la frontera rusa y las revoluciones de color en Georgia y Ucrania –que él consideró como esfuerzos de Occidente por crear gobiernos pro occidentales en los países con fuertes lazos rusos–. Y vio la expansión de la OTAN a los antiguos países soviéticos como una provocación directa.

“Todo la agresividad de Rusia en Ucrania en el 2014 estuvo vinculada con el desarrollo y despliegue de armas en la nueva guerra, militares, políticas, económicas y de otro tipo””.

Putin consideró que EE.UU. era hostil a los intereses de Rusia y decidió defender el país de la agresión occidental que percibía. Él y sus principales asesores de seguridad creían que el ejército ruso debía aceptar que Occidente libraba un nuevo tipo de guerra con métodos no militares para lograr objetivos geoestratégicos. Se propuso tener la capacidad para luchar en esa guerra del siglo XXI; y usó todos los medios del poder estatal –informativo, político, económico y humanitario– para contrarrestar acciones similares de Occidente.
Ucrania
Ucrania fue un campo de pruebas para el enfoque de Putin en la guerra del siglo XXI contra la agresión occidental que percibía. Vio la inclinación de Ucrania hacia la Unión Europea, las protestas masivas del 2014 y la expulsión del presidente pro ruso Víktor Yanukóvich como resultado directo de la interferencia de Occidente y como una invasión de la soberanía de Rusia.

“Putin (…) aprecia el papel de la ‘historial útil’ en la política: la manipulación del pasado y su aplicación como herramienta política””.

Para Putin el historiador, Ucrania fue donde nació el Estado ruso. Considera a los rusos y ucranianos como un solo pueblo a ambos lados de una frontera artificial, resultado de un error histórico que exige corrección. En su opinión, el territorio ucraniano oriental de Crimea es histórica, cultural y lingüísticamente ruso y consideró la anexión de la región a Rusia en el 2014 como un acto de legítima defensa contra la intromisión de Occidente.

“Rusia S. A. es un imperio corporativo en el que los intereses del Estado ruso se entrelazan con los intereses comerciales de los oligarcas ricos vinculados personalmente con Putin””.

Putin pretendía que la anexión enviara un mensaje: si EE.UU. invadía el país vecino, Rusia reaccionaría. Quería que EE.UU. se viera obligado a pensar en los costos antes de emprender otras acciones.
Negocios son negocios
A pesar de su visión oscura de Occidente y su disposición a enfrentarlo, Putin quiere hacer negocios con EE.UU. y sus aliados. Donde existe un interés estratégico mutuo –Irán, Siria o contra los militantes islámicos–, está abierto a la cooperación; pero, hasta que Rusia y Occidente no alcancen un acuerdo –similar a un nuevo Yalta– respecto a la autonomía y el respeto de las esferas de influencia y hasta que él no crea que EE.UU. y sus aliados ya no representan una amenaza para los intereses rusos, continuará librando una guerra asimétrica del siglo XXI en todos los frentes.

Sobre los autores
Fiona Hill es directora del Centro para Estados Unidos y Europa de la Brookings Institution, donde es miembro sénior en Política Exterior. Clifford G. Gaddy es miembro sénior del programa de Política Exterior.