El juego imperial

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El juego imperial
Putin, Ucrania y la nueva guerra fría
Marvin Kalb
Brookings Institution Press, 2015 más...

Reseña

La guerra civil de Ucrania ha cobrado miles de vidas y desplazado a más de un millón de personas. EE.UU. impuso duras sanciones a Rusia e instó al presidente Vladimir Putin a dejar de respaldar a los separatistas. Marvin Kalb, veterano periodista que trabajó para CBS News y NBC News como corresponsal diplomático principal y jefe de la oficina en Moscú y experto en seguridad nacional y relaciones entre Estados Unidos y Rusia, exhorta a Occidente a estudiar la historia de la región y afirma que la ignorancia de los líderes de Occidente contribuyó al conflicto y que solo pueden ayudar a resolverlo si comprendieran mejor la región y su historia. Su resumen, parte manual y parte advertencia, es una historia concisa e interesante de Ucrania y Rusia que aclara el vital y complejo conflicto.

Ideas fundamentales

  • A principios del 2014, las fuerzas rusas ocuparon y anexaron Crimea e ingresaron en la región de Donetsk, en el sureste de Ucrania.
  • La guerra civil continúa entre los militares y la policía de Ucrania por un lado y los separatistas patrocinados por Rusia por el otro.
  • Vladimir Putin, el presidente ruso, considera que Ucrania es fundamental para la seguridad y el poder de Rusia.
  • Para Putin, Ucrania y Crimea son inseparables de Rusia.
  • Putin cree que Rusia tiene el derecho de “proteger” todos los territorios rusos históricos y a todos los rusos, donde estén.
  • La cultura y la historia de Ucrania y Rusia y siempre han estado entrelazadas.
  • Ucrania sufrió un trato brutal bajo José Stalin y durante la ocupación nazi.
  • Salvo por un breve período después de la Revolución rusa, Ucrania solo ha sido independiente desde 1991.
  • Ahora, Ucrania depende militar y financieramente de Occidente.
  • Para poner fin al conflicto, Ucrania debería negociar con Putin y aceptar sus términos.

Resumen

La ocupación de Crimea
El 1 de marzo del 2014, las fuerzas rusas ocuparon la península de Crimea de Ucrania. En semanas, Rusia se anexó Crimea legalmente. Antes de la ocupación, los manifestantes pro rusos y pro Kiev habían tomado las calles en Simferópol, capital de Crimea, estallaron los combates y la violencia se intensificó. El gobernador de Simferópol, pro ruso, solicitó ayuda y Rusia le envió tropas. Inmediatamente después de ocupar Crimea, Rusia siguió la misma táctica e invadió la región de Donetsk, donde los rebeldes encontraron una mayor resistencia y la lucha se convirtió en una guerra civil sin final previsible. Para ayudar a poner fin al sangriento conflicto, Occidente debe comprender la historia de Ucrania y su relación con Rusia.
Ucrania y Rusia entrelazadas
Los primeros orígenes de Ucrania y Rusia se encuentran en Kiev, centro del antiguo imperio Rus de Kiev, la “primera Rusia”, que se extendía desde el río Danubio hasta los montes Urales. Sus gobernantes, Vladimir el Grande y Yaroslav, su hijo, llevaron el cristianismo ortodoxo y la ley griega al imperio, dando a Rusia su religión y su jurisprudencia. Desde principios del siglo XIII hasta finales del XV, los mongoles dominaron el oeste de Asia hasta el Adriático. Durante esa época, Moscú se convirtió en la capital de la “segunda Rusia”, donde Iván I se alió con los mongoles para establecer el imperio de los zares, que duró hasta 1917. Iván III, el Grande, se separó de los mongoles en 1480 y se declaró “Zar de todas las Rusias”. Su imperio se extendió desde Polonia hasta Nóvgorod, lo que incluía, según él, Kiev y todos los pueblos del Rus de Kiev.

“Crimea significa mucho para la civilización y la religión de Rusia (…) Así es como la veremos de aquí en adelante y para siempre””. ( – Vladimir Putin, presidente de Rusia)

En 1654, un poderoso hetman (comandante) cosaco, Bogdan Khmelnitsky, puso su pueblo bajo protección rusa y el Tratado de Pereyaslavets resultante también puso partes de la región hoy llamada Ucrania bajo dominio ruso. A principios del gobierno de Pedro el Grande (1694-1725), el territorio se dividió entre una región oriental católica y un reino occidental ortodoxo, división que perdura culturalmente. Pedro arrebató a los turcos la ciudad de Azov, en el mar Negro, y construyó puertos. En 1774, Catalina la Grande firmó con los turcos un tratado que independizó Crimea y nueve años después se anexionó la península. El tratado dio a Rusia acceso al mar Negro y confirmó su posesión del territorio entre los ríos Dniéster y Bug. En el siglo XIX, Ucrania existía como concepto cultural, no político, y algunos ucranianos pedían la independencia en voz baja, pero el zar Nicolás respondió suprimiendo la lengua ucraniana. En 1900, los nacionalistas ucranianos organizaron un partido político, idea muy adelantada para su tiempo.
La República Nacional Ucraniana
A raíz de la Revolución rusa, los nacionalistas ucranianos crearon un consejo, la Rada Central, con Mikhaelo Hrushevsky a la cabeza, y exigieron la autonomía territorial, no la independencia. Cuando Vladimir Lenin tomó el poder en Moscú en 1917, Hrushevsky se opuso a sus reclamos sobre Ucrania y proclamó la República Nacional Ucraniana (UNR). Los bolcheviques atacaron Kiev y en el caos que siguió surgieron la UNR y la República Nacional Ucraniana Occidental, que se unieron en 1919, en medio de la guerra civil entre los rusos rojos y los blancos, y miles de ucranianos murieron en el conflicto.

“La situación actual de Ucrania es un problema muy complejo en el que todas las opciones son extremadamente difíciles y están llenas de consecuencias potencialmente graves””.

El Tratado de Riga llevó la paz en 1921 y confirmó el dominio ruso de Ucrania. Los bolcheviques reconocieron Ucrania como Estado de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS), trazaron sus fronteras y le dieron un gobierno nacional aparente, bandera y parlamento: la Rada. Rumania, Checoslovaquia y Polonia absorbieron parte de Ucrania y el resto siguió siendo la Ucrania soviética.
José Stalin y los nazis
Después de que Stalin llegó al poder en 1924, hubo varias rebeliones y revueltas en oposición a su programa económico. Su política de “indigenización” –alentar a las nacionalidades a desarrollar su propia cultura– sembró las semillas del nacionalismo ucraniano. En la gran hambruna de 1932-1933, cuando Stalin vendió grano ucraniano en el extranjero, murieron siete millones de personas. En 1939, cuando Rusia y Alemania se dividieron Europa del Este, la Ucrania soviética incorporó Ucrania Occidental y Galitzia Oriental, por lo que tuvo más ucranianos que nunca antes. En 1939 y 1940, Stalin envió a 1.25 millones de ucranianos a campos de trabajo como presuntos colaboradores.

“La historia rusa tiene su propio libreto, orquestado en el Kremlin, donde una persona marca la melodía por lo general””.

La idea de la nación ucraniana cristalizó en la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN), pro alemana, de extrema derecha, nacionalista y antisemita, bajo Stepán Bandera: la OUN afirmó la independencia de Ucrania en junio de 1941 y su guerra contra los soviéticos duró hasta principios de los años 1950. En noviembre de 1941, los nazis ocuparon Ucrania y muchos ucranianos los consideraron sus libertadores y aliados, pero los nazis asesinaron a 1.5 millones de judíos ucranianos, incluidos los muertos en la horrible masacre de Babi Yar, cerca de Kiev. Stalin trató a Ucrania brutalmente, pero, sin buscarlo, fomentó la idea de la independencia nacional, porque creía en el derecho a la libre determinación de las minorías nacionales: “Sin quererlo, Stalin había cumplido un sueño ucraniano: que todos los ucranianos vivieran en una tierra llamada Ucrania”.

“El enemigo número uno para Stalin y su círculo no era el campesino ucraniano, ni la Intelligentsia ucraniana. El enemigo era Ucrania en sí misma””. ( – James Mace, historiador)

Con el declive de la Unión Soviética durante los años 1980, muchas minorías nacionales obtuvieron la independencia. El Movimiento Popular de Ucrania pro Perestroika (Rukh), junto con otros grupos, creó el Bloque Democrático y, en 1990, obtuvo 100 de los 450 escaños en la Rada de Ucrania. El 24 de agosto de 1991, la Rada declaró independiente a Ucrania y nombró presidente a Leonid Kravchuk. En diciembre, Kravchuk, Boris Yeltsin, el presidente ruso, y Stanislau Shushkevich, de Bielorrusia, firmaron el Acuerdo sobre el Establecimiento de la Comunidad de Estados Independientes, que disolvió la URSS.
Preludio de la guerra ucraniana
A mediados de los años 1990, Ucrania iba al colapso. Los oligarcas consolidaban su poder político, la corrupción era desenfrenada y la derecha ascendía. El pro occidental Víktor Yúshchenko se convirtió en primer ministro y, junto con Yulia Timoshenko, introdujo reformas económicas útiles. En Kiev y otras ciudades ucranianas, los manifestantes exigieron que el presidente Leonid Kuchma dimitiera; y Timoshenko surgió como líder antiestablishment. Yúshchenko llamó a su campaña presidencial del 2004 la “Revolución Naranja” y parecía probable que ganara, mientras que Putin y los oligarcas ucranianos apoyaron a Víktor Yanukóvich. El fraude electoral resultó en dos elecciones invalidadas y los inconformes hicieron manifestaciones masivas en la Maidan (plaza) de Kiev. La guerra civil se avecinaba. En una tercera elección estrechamente observada, Yúshchenko ganó y Timoshenko, ya primera ministra, intentó eliminar la corrupción y debilitar a los oligarcas mientras tendía lazos en el Este y con Occidente, pero Ucrania seguía batallando.

“Para [Boris] Yeltsin, Ucrania siempre fue la clave del éxito ruso, el país con mayor probabilidad de reanimar el futuro de Rusia como gran potencia””.

En el 2010, los votantes ucranianos eligieron presidente a Yanukóvich, que acercó Ucrania a Rusia y encarceló a Timoshenko. Después de negociaciones serias para que Ucrania ingresara a la Unión Europea, Yanukóvich, bajo presión de Rusia, se retiró justo antes de firmar. La Revolución de Maidan de noviembre del 2013, cuando los manifestantes tomaron las calles de Kiev exigiendo lazos más estrechos con Occidente, llevó a Ucrania por la senda de la guerra civil. Yanukóvich intentó dispersar a los manifestantes, pero las protestas aumentaron y Occidente apoyó a los manifestantes. A mediados de diciembre, Yanukóvich voló a Moscú para reunirse con Putin y volvió con un acuerdo de US$15 mil millones por el que Rusia compró bonos ucranianos y redujo a Ucrania el precio del gas natural ruso. Los manifestantes de Maidan sintieron que Yanukóvich los había vendido.
Los hombrecitos verdes
En febrero del 2014, la violencia volvió a estallar en Kiev. Los esfuerzos internacionales por una paz negociada fracasaron. Yanukóvich huyó a Rusia, los manifestantes tomaron los edificios del gobierno y la Rada lo destituyó. Timoshenko, liberada de la prisión, asumió el liderazgo. Al día siguiente, la Rada nombró a su presidente, Aleksandr Turchinov, presidente de Ucrania y al anti-ruso Arseniy Yatseniuk, primer ministro.

“El pueblo estadounidense merece saber más sobre la Ucrania actual antes de que su gobierno adopte Ucrania como una responsabilidad estratégica de Estados Unidos””.

A fines de febrero, Putin envió a Crimea una avanzada de fuerzas a las que los informes describen como “hombrecitos verdes” –en ese momento, Putin negó que fueran rusos– y los manifestantes pro rusos aparecieron en Simferópol, pidiendo que Crimea se uniera a Rusia; los manifestantes pro Kiev también salieron, exigiendo que Crimea permaneciera con Ucrania. Las tensiones aumentaron. El gobernador de Simferópol pidió ayuda a Putin y, para el 1 de marzo, sus hombres ya controlaban Crimea; luego, Putin envió fuerzas a Donetsk, la región sureste de Ucrania y, como en Crimea, los inconformes se manifestaron a ambos lados. Los rebeldes que están en favor de los rusos encontraron una resistencia más fuerte allí que en Crimea.

“La demonización de Vladimir Putin no es una política, es una excusa de su inexistencia””. ( – Henry Kissinger, ex secretario de estado de Estados Unidos)

El oligarca Petró Poroshenko, magnate del chocolate, ganó las elecciones presidenciales de Ucrania en mayo del 2014, prometiendo paz a una Ucrania unida y libre. Occidente impuso sanciones a Rusia y las endureció después de que unos rebeldes pro rusos derribaron accidentalmente un avión comercial de Malasia. En marzo del 2015, la guerra civil ucraniana había cobrado seis mil vidas. La guerra continúa.
¿Por qué Putin invadió Ucrania?
Crimea es militarmente vital para Rusia por ser su único puerto en aguas templadas y la base de su flota del mar Negro. Putin parece temer que el acercamiento de Ucrania a Occidente signifique correr el riesgo de perder el dominio de Crimea, así que quiso asegurarse de que ningún fervor revolucionario se extiendiera a Rusia. Putin cree que la expansión al este de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) es el mayor desafío para la seguridad nacional de Rusia. En el 2014, cuando Poroshenko anunció que buscaría el ingreso a la OTAN, Putin vio la declaración como una amenaza para Rusia.

“Desde su intervención inicial en Crimea, Putin apostó a que Occidente no iría a la guerra por Ucrania y, más tarde, por Donetsk; y él ganó su apuesta””.

Putin creyó justificado apoderarse de Crimea y parte del territorio de la región de Donetsk. En su mente, Crimea y Ucrania siempre han sido parte de Rusia, a la que Crimea perteneció durante cientos de años, y su lugar en la historia y la cultura rusas es central. Crimea pasó a ser parte de Ucrania en 1954, cuando la URSS le transfirió su propiedad para facilitar la construcción de una hidroeléctrica; pero, dado que tanto Ucrania como Rusia eran repúblicas soviéticas, nadie consideró que ese hecho tuviera importancia política.

“Durante muchos siglos, el destino de Ucrania ha estado enredado con el de Rusia. Siempre lo ha estado y probablemente siempre lo estará””.

La región de Donetsk no perteneció a Ucrania sino hasta los años 1920. Los rusos y muchos ucranianos no consideran Ucrania y Crimea como separadas de Rusia debido a sus relaciones históricas y culturales y los lazos emocionales con la unidad eslava. Putin se basa en razones históricas. La doctrina de la “tercera Roma”, que se remonta a Iván el Grande, sostiene que “toda la tierra rusa antigua” pertenece a Rusia por siempre; y Catalina la Grande estableció “la fe y la raza rusas” como pretexto para ocupaciones extranjeras.

“Estamos en el siglo XXI. No resolvemos los conflictos militarmente””. ( – Angela Merkel, canciller alemana)

Putin se considera responsable de proteger a Rusia y los rusos en todas partes. Cree que las potencias occidentales no supieron apreciar la oportunidad del colapso de la URSS para establecer un nuevo “sistema de relaciones internacionales”. Afirma que Rusia estaba lista para establecer lazos estrechos con Occidente en 1991, pero Occidente impuso su propio “nuevo orden mundial” sin considerar los intereses de Rusia. Otros observadores reconocen que Occidente no entendió lo que significó el colapso de la URSS para Rusia y ahora no aprecian la importancia de Ucrania para Rusia. Esos observadores –como el ex presidente soviético Mijail Gorbachov, Henry Kissinger, ex secretario de Estado de Estados Unidos, y Robert Gates, ex secretario de defensa de Estados Unidos– creen que Occidente tiene cierta responsabilidad por la guerra de Ucrania.
¿Qué debería hacer ahora Occidente?
Para el 2015, Ucrania estaba casi en bancarrota y plagada de corrupción y era financieramente dependiente de Occidente. El FMI mantiene Ucrania a flote y tiene en sus manos su futuro. El Congreso de Estados Unidos. votó apoyar a Ucrania en la guerra y proporcionarle ayuda militar. Estados Unidos ha enviado 298 asesores militares a Ucrania, pero no intervendrá en la guerra a menos que crea que su seguridad nacional está en juego. Intervenir en Ucrania significa correr el riesgo de una guerra con Rusia. Para poner fin al conflicto, Poroshenko deberá negociar con Putin y aceptar que Ucrania tendrá que acceder a la mayoría de sus demandas. Eso decepcionará a muchos, pero pondría fin al conflicto. Occidente no debería interferir; para ayudar a una solución, debe comprender mejor la región y su historia. Salvo que Ucrania llegue a un acuerdo con Rusia, Occidente tendrá que apuntalar a Ucrania económica y militarmente durante mucho tiempo.

Sobre el autor
Marvin Kalb es becario del programa de política exterior en la Brookings Institution y asesor principal del Pulitzer Center on Crisis Reporting. Fue jefe de la oficina de Moscú de CBS News y NBC News. Es experto en seguridad nacional y las relaciones de Estados Unidos con Rusia, Europa y Oriente Medio