Los teóricos de los estudios de género no se ponen de acuerdo en cuándo comenzó la revolución feminista. Algunos afirman que ocurrió tras la Primera Guerra Mundial, cuando las mujeres entraron masivamente en el mundo laboral. Por desgracia, en la fabricación de material de guerra. La tasa de divorcio tras la paz se disparó. Las mujeres no iban a aceptar las viejas reglas.
Otros estudiosos se remiten al pasado más reciente con el movimiento MeToo y la caída de muchos productores del mundo del cine y el espectáculo. Si nos dirigimos a Europa, España fue el país más avanzado en la revolución feminista. Leyes como Solo sí es sí fueron puestas como ejemplo para el nuevo paraíso matriarcal prometido.
Pero no hay luces sin sombras. Se dio la paradoja que, en España, el país europeo con menos casos de violencia sexual de toda Europa, noticias sobre la violencia entre sexos ocupaban un 30% de todos los noticieros. Pues el lado oscuro de la revolución feminista era el negocio y la política. Se firmaron contratos millonarios con grandes medios para transmitir conciencia de género. Propaganda de género para los opositores. El gobierno progresista de España apostó todo por el feminismo. El cálculo era muy sencillo mujeres más LGTBI, más pensionistas, igual a mayoría y victoria en las próximas elecciones. Esta inversión se financió con más deuda. Las pensiones se revalorizaron por encima del IPC. Un jubilado ganaba igual o más que un trabajador medio. El Ministerio de Igualdad triplicó su presupuesto y se hicieron múltiples campañas de prensa, radio y televisión para crear un clima de preocupación social. La batalla llegó a los tribunales de Acusaciones de violencia de género. Se pasó a acusaciones de acoso, se abrió la barra libre de denuncias. Cualquier hombre sería sospechoso de acoso sexual si una mujer lo decía. Los casos más sonados eran, por supuesto, en el mundo político, deportivo y empresarial, ya que generaban más dinero.
Entonces ocurrieron fenómenos paradójicos. Cuando el Ministerio de Igualdad, Igualdad consiguió que los operadores de telefonía le dieran copia de mensajes de hombres con denuncias por acoso a mujeres para analizarlos con IA. Soltaron las voces de alarma. Una gran parte de los hombres heterosexuales vieron al feminismo representado por el gobierno español como un enemigo entre la población joven masculina. Había una inmensa mayoría de casos de divorcios con el conocimiento sufrimiento de los padres, y esto motivó que los partidos de extrema derecha con valores tradicionales tuvieran más fuerza.
Llegaron las elecciones del 22 de agosto de 2030, en plena guerra de sexos. El ambiente en España estaba muy polarizado. Los partidos extremistas de ambos sentidos aglutinaron los votos. No había termino medio. O se estaba con la izquierda, lo que significaba aceptar la triada woke: Feminismo, LTBIQ+ e inmigración. O se estaba con la derecha con su propia trinidad: Nacionalismo, familia y liberalismo.
Y como en una final olímpica, con un resultado de 51% versus 49% ganó….
La guerra de sexos en el 2030 (es - es)
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