Me he inscrito a un concurso celebrado por Meetic. Para encontrar a la mujer de tu vida en Europa. Es un concurso muy competitivo. Dicen que se presentan 5000 personas en toda Europa. El premio es interesante 6.000 Euros a repartir entre el match y un viaje por Europa de Ámsterdam a Estambul. Yo realmente me interesaba más el dinero y el viaje, pero bueno, ¿por qué no lo intento? Me preparé mucho. Sabía que era un concurso internacional y que perdían dominio de idiomas. Yo me defiendo en inglés y francés, pero me inventé© que hablaba portugués e italiano para darme más oportunidades. Luego hice una investigación en Internet y vi que la empresa que organizaba era holandesa, entonces puse también holandés, nivel medio alto. No sé nada de holandés, pero me cogí la suscripción de Duolingo y me puse a estudiar como un loco.
Y así pasó un mes y al final tuve suerte. Creo que mi pequeño engaño con los idiomas coló y con Duolingo. ¿Qué puedo decir? Me aprendí un pequeño speech en holandés que lo repetí varias veces y bueno, puede pasar por estudiante medio-avanzado.
Un día me llamaron desde Holanda por teléfono la organización del concurso para hacerme una prueba oral y bueno, más o menos salió bien. Me hablaron en inglés, francés, holandés y conté mi speech de Duolingo y coló. Les gusté. Al final me seleccionaron y allá me fui en un viaje exprés a Amsterdam, una reunión con diez mujeres y diez hombres, entre los que yo me incluía, claro, Y la posibilidad de ganar este maravilloso concurso.
En realidad, no solo contaba el voto del match, pero también el voto del público, porque todo se grababa. Así que me preparé para darlo todo.
Llegó entonces el momento del concurso. Aterricé en el aeropuerto en Ámsterdam, en Schipol. Fui en tren hasta la ciudad, hacia el hotel Astoria. Buen nombre. Tenía clase. Luego en realidad no era tanto porque nos metieron en una sala pequeñita con un montón de cámaras. Pero no era el gran espectáculo y el gran salón de recepciones que yo me esperaba. Yo me había imaginado como una pequeña eurovisión. Pero no.
Al principio fue un poco desorganizado. Tardaron más media hora, no todo el mundo estaba allá. Al final fallaron dos mujeres y un hombre. Y bueno, pues empezó el espectáculo.
El Speed dating estaba organizado en citas de ocho minutos. Los hombres tenían que girar en torno a las mujeres. Eran ocho minutos hablando. Sonaba una campana e íbamos a la siguiente cita. Nos daban una hojita para tomar notas y bueno, es lo que hice. Tomé notas y esto fue mi experiencia.
La primera chica que conocí se llamaba Marlene. Como las manzanas del anuncio. Y era como una manzana. Sana y saludable. ¿Qué más puedo decir? Y es lo que era, una holandesa normalita. Y muy sana. Ella hacía siempre deporte, muchas marchas de 20 kilómetros mínimo todos los fines de semana. Y yo me decía Esta chica me mata a 20 kilómetros, yo no llego diez todavía y ya estoy muerto. Bueno, no la no la consideré.
Luego vino Ludmila, que era rumana. Estuvimos hablando un poquito, pero ella era muy complicada. Estaba divorciada, con niños pequeños.
Yo pensé para mis adentros, qué complicada es esta. No, no me interesa.
Luego llegó Saba. Esta era francesa. No sé de dónde. De Africa, porque era muy negra y me trastocó los planes. La verdad es que me descolocó porque al principio me preguntó: ¿Estás preparado para tener una nueva relación? Y me miró a los ojos, inquisitiva. Y yo pensando: Hostias, me ha pillado. Y si le digo que estoy allí por el premio del concurso, no era por el concurso en sí y la cita. No le dije nada al final, pero me apunté como candidata.
Luego llegó Saskia, que era belga, flamenca y trabaja con emigrantes, muy guapita, muy interesante. Hablé un poco con holandés con ella, pero no llegué a los cinco minutos, luego ya no podía seguir y pasamos al inglés. La apunté como candidata también, pero las citas seguían.
Luego vino otra que se llamaba Parbaty, que era persa, una vida de película. Había estado trabajando en Dubai, se había enamorado de un italiano y había venido a Ámsterdam. Se separó pero ahora sigue viviendo en Ámsterdam. Era la más guapa de todas, pero la más creída también. Me pregunté un poco por mi trabajo. ¿Y yo que le digo? Que soy un simple empleado de oficina cuando está¡ acostumbrada al gran lujo. Esta seguro que me descarta directamente.
Luego pasé a otra mujer peliroja de Friesland. Friesland está en Holanda. Intenté hablar holandés con ella y no la entendía nada. Nada es nada. Ni en inglés. Tenía un acento peor que el mío Luego estuve mirando en internet y descubrí que Friesland tiene como su propio idioma . Nno tenía muchas oportunidades con ella, la verdad. Si no nos enterábamos.
Y luego pasaron las dos eslovacas, la Gabriela y... No recuerdo cómo se llamaba ella. Kavija o matija. Y con estas dos estuve hablando en inglés un poquito. Venían de Eslovenia las dos y se habían apuntado juntas al concurso. Con las dos más o menos bien. Pero me dí cuenta que buscaban un europeo del norte, no un español como yo.
Y se me olvidó mencionar una cosa, el banquillo. Como había menos mujeres que hombres teníamos que esperar un turno dos de los participantes hombres. Me puse a hablar un poco con Vincent. Este era un italiano, tengo que decir que me pillaron con el italiano, pero bueno, no pasó nada. En un momento pensé que era un concurso de gays porque se me pegaba mucho y me hablaba y me decía que podíamos vernos después del concurso, que venía a España a visitarme.
Y yo pensando: ¿Por qué me dice esto, al final voy a ligar con un tío? Lo que me faltaba.
Cuando terminó el concurso yo esperaba que nos fuéramos a tomar algo, pero nada, nadie quiso salir. Viendo el panorama yo me fui directamente al aeropuerto. Fue expreso el viaje.
A los 2 días recibí un email para hacer la votación y yo, por supuesto, elegí a las que ya había dicho, a la congoleña que había descolocado y a holandesa porque así podía aprender holandés. Me había prometido ser mi profesora.
Pero nadie me seleccionó y me quedé tal cual. ¿Qué significó el concurso para mí? Primero, un viaje exprés a Ámsterdam, aunque no vi nadade la ciudad, solo el hotel. Conocí a ocho mujeres de toda Europa. Brevemente. Ocho minutos cada una. A ninguna le gusté que yo sepa.
Aprendí un poco holandés en Duolinguo, pero sin no lo practico se me va a olvidar. Y tan solo puedo hablar cinco minutos y ya está. Luego ya no puedo seguir.
Y esta fue mi experiencia en speed dating europea. Si alguien me pregunta si lo volvería a hacer. Si. Siempre que me me pagan el viaje. ¿por qué no? Ya tengo un poco de entrenamiento al respecto. La próxima vez voy a votar a las más feas. Así tendré más oportunidad de que alguien me elija y gane los tres mil euros el viaje.