Soy trans. No siempre lo fui. De pequeño era un niño afeminado al que le gustaba vestirse de rosa, con faldas. Nadie me entendía.
Cuando crecí me hice un poco rebelde y entonces caí en las hormonas. Sí, me lo dijeron la primera vez: ten cuidado, las hormonas te cambian la vida. Al principio las compraba en el mercado negro y notaba su efecto. Me empezaron a salir pechos. Tenía menos barba y me gustaba mi cuerpo. Era algo adictivo. Los hombres me miraban por la calle.
Luego, con el gobierno progresista de izquierdas y el apoyo a la comunidad LGTBI, salí del armario. Conseguí cambiarme el nombre de Juan a Maria Juana. E incluso, gracias a las leyes de minorías, conseguí un trabajo en la Biblioteca Pública de Barcelona, en la sección de compras. Un verdadero lujo. Esa era mi vida. Laboralmente me iba bien. No ganaba mucho, pero había conseguido ser funcionaria de la Generalitat. Trabajo asegurado de por vida.
Pero todavía no he contado que tengo una afición. Me gusta fumar marihuana. Y los precios del material, con la crisis, subían y subían. Mi pobre sueldo de funcionaria no me daba para tanto y decidí hacer autocultivo. Me informé mucho en internet. Compré un armario, luces. Hice una inversión en todo ello y entonces me puse a plantar.
Lo que no sabía yo es que hay plantas de marihuana machos y hembras, y los machos polinizan a las hembras y entonces no producen THC. Lo descubrí por propia experiencia. Perdí mi primera cosecha.
Entonces decidí hacer algo diferente. Me dijeron que matara a los machos, que los arrancara de pequeños. Pero yo soy trans. Bueno, trans sin operación. Esa es mi línea roja. Me hormono, pero no me he cortado nada todavía. Todo va muy bien y no voy a llegar a tales extremos. Es mi línea roja.
Por eso arrancar las plantas macho me daba pena, porque también soy hombre, aunque soy trans.
Me puse a buscar en internet qué podía hacer y compré otro armario para separar mis plantas. Los chicos con los chicos y las chicas con las chicas.
Cuando las plantas empiezan a crecer y ya se sabe si son macho o hembra, entre las 4 y las 8 semanas después de la germinación, las plantas macho muestran primero pequeños sacos de polen redondos y lisos, como bolitas ovaladas que parecen testículos, en los nudos donde las ramas se unen al tallo principal. Las hembras desarrollan pistilos o pelos finos blancos en forma de V, saliendo de cálices con forma de lágrima en esos mismos nudos.
Puse los 3 machos en un armario y las 2 hembras en otro para separarlos, pero sabía que las iban a polinizar. Los machos, todos iguales, me iban a fastidiar la cosecha.
Por eso seguí buscando en internet, en páginas holandesas, y descubrí que existe un tratamiento hormonal que convierte a los machos de marihuana en hembras. Algo fascinante. Compré los productos a través de internet e hice todo mi experimento y al final creo que lo conseguí.
Los machos se convierten en hembras y las semillas que dan estas hembras son y serán siempre hembras. Había conseguido la marihuana trans, como yo.
Cuando lo comento entre mis amigos queer y gays flipan conmigo. No se lo creen, pero yo les digo: este es el mejor producto LGTBI+. Y mira. Todo el mundo está muy contento porque he conseguido al final la marihuana trans.
Pero no lo he contado todo. El primer petardo que me fumé de la marihuana feminizada fue explosivo. De hecho, tuve una visión del futuro.
Un mundo en el que gobierna la comunidad LGTBI+, incluidos los trans, los gays, las lesbianas y otras comunidades todavía no conocidas.
Una lesbiana es la presidenta y el vicepresidente, un gay. Hay un gobierno mundial. La mitad de la población es LGTBI+, y la otra mitad hetero. Un cuarto son hombres heteros y otro cuarto mujeres hetero, que siguen allí como una reserva para la procreación. Los heteros tienen la obligación de tener dos hijos y después pueden someterse a un tratamiento hormonal y formar parte de la gran comunidad LGTBI+, con beneficios como un salario mínimo vital.
Un mundo feliz, sin guerras, sin conflictos, donde reina el amor y la paz, donde el sexo puede disfrutarse sin ataduras, de forma polimórfica, y donde la gente es feliz.
Ese fue mi sueño. Y cuando se lo cuento a mis amigos, los que entienden, todos están de acuerdo en que este sería el mundo feliz. Y sobre todo, trans.