El período entre la primera y la Segunda Guerra Mundial se llama inter bellum.

De una manera parecida, el período entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento se llama inter evangelium o inter testamentum.

El Antiguo Testamento, libro sagrado e histórico, termina con el profeta Malaquías, con un pueblo de Israel que ha retornado a su tierra, ha

reconstruido el templo. Bastante más modesto que el templo de Salomón.

El libro de Malaquías menciona que han abandonado el camino correcto y profetiza a un futuro enviado de Dios, el cual a su vez anunciará al Mesías. Aquí termina el Antiguo Testamento.

Y continúa con el Nuevo Testamento 430 años después, El enviado de Dios será San Juan Bautista, el cual anunciará Jesucristo.

Parece que todo tiene sentido, pero….

¿Qué pasó en esos 430 años?

¿Por qué este silencio profético?

Pues ocurri’o de todo. Cinco imperios, una revuelta popular, un intento de acabar con la esencia misma de la religión judía. Para terminar con la invasión  y ocupación romana.

Pero vamos por partes para entenderlo todo mejor.

El profeta Malaquías fue el último de los profetas del Antiguo Testamento y actuó en Judá, probablemente en Jerusalén, entre los años 450 y 430 a. C., durante el período posexílico, después de la reconstrucción del templo. Los judíos podían practicar su religión, pero estaban sujetos al gobierno persa, lo cual no les gustaba mucho.

Luego, como un vendaval, en el año 333 a.C. Alejandro Magno entra en Jerusalén durante su gran campaña para conquistar el Egipto de los faraones.

Con ello, Judá, que era una provincia del imperio persa, cambia de manos y pasa a depender de los nuevos conquistadores. Cuenta la leyenda que al entrar en Jerusalén salió el gran sacerdote vestido de blanco y Alejandro, al ver al Sumo Sacerdote, se bajó de su caballo e hizo una reverencia. cuando el general Parmerio le preguntó la razón, Alejandro respondió:

No hice una reverencia ante él, sino ante el Dios que lo ha honrado con el Sumo Sacerdocio; pues he visto a esta misma persona en un sueño, con esta misma apariencia.

Una leyenda muy conveniente. Alejandro acabó con el gobierno de los persas, pero impondría un vasallaje griego. Pagar impuestos, como siempre.

Alejandro conquistó casi todo el mundo conocido: Persia, Egipto, Afganistán, Pakistán. Y a su regreso, murió de fiebres.

La consecuencia fue una guerra civil entre sus generales. Palestina pertenecía a  los Seleúcidas que lucharon durante años y años contra los Ptolomeo de Egipto, porque Israel estaba en el punto medio.

Ocurrieron entonces varios fenómenos muy interesantes que marcaron la deriva de la cultura hebrea y su gran peligro de su destrucción también.

Anteriormente, poco podían comunicarse unos pueblos con otros. Esta era una barrera también para las religiones y la misma literatura. Pero el Imperio helénico hizo que el koiné, la lengua franca

de la época, el griego, se hablase desde Iberia hasta los confines de Persia. Fue la lengua común.

Y ocurrió otro hecho fundamental, la traducción de la Torá, los libros sagrados judíos, al griego.

Hay otro mito sobre eso. Se llama la Septuaginta y su nombre se debe a que 70 sabios tradujeron los libros por separado y luego, al compararlos unos con otros, se dieron cuenta que habían traducido lo mismo, palabra por palabra. Algo imposible. Pero estamos en el mundo de los mitos.

Todos los que sabían leer el griego podían leer de primera mano los textos sagrados judíos.

Estos hechos fueron claves. Por un lado, había una lengua común que permitía el intercambio de conocimientos. La religión hebrea se hizo comprensible para el resto de Occidente y Oriente a través del griego.

Pero otro fenómeno es que las élites y la gente más intelectual tomaron el griego como lengua de referencia, alejándose del pueblo. Hablar griego era síntoma de inteligencia, posición social, amplitud de miras, multiculturalismo. Lo más progresista era lo griego. Lo hebreo era lo antiguo.

La filosofía griega entraba en directa competencia con la visión profética unitaria judaica.

 

Este conflicto entre lo viejo y lo nuevo. Lo tradicional judaico y las nuevas ideas helénicas llego al paroxismo con un rey loco.

Lo que ocurrió es que hubo un rey, Antíoco 4. Seleúcida, que quiso imponer la cultura griega a toda costa y destruir la cultura tradicional que consideraba cosa del pasado.

Este rey se hizo llamar Epífanes, que viene de Epifania. El término aquí significaba "Dios manifestado" o "el dios visible", reflejando la pretensión de divinidad de estos gobernantes.

Heretico hasta en el nombre, e hizo cosas horribles desde el punto de vista judío. Prohibió el Sabbath, prohibió la circuncisión, persiguió a la gente que conservaba las Escrituras. Quería destruirlas todas. Y la mayor herejía de todas fue que entró en el templo y sacrificó un cerdo a Zeus en el mismo templo de Jerusalén.

Y como toque anecdótico, en los países latinos, España, Italia, Francia, Portugal, Rumanía, se habla de Dios, usando una palabra derivada de Deus, que viene del griego Zeus, lo cual es paradójico.

Millones de cristianos cuando dicen: Dios mío, están diciendo Zeus mío. Etimológicamente hablando, claro está.

Pues, ¿qué pasó con este rey loco, el epífanes que quiso destruir hasta la raíz la cultura judía?

Pues fue la famosa rebelión de los Macabeos encabezado por Judas Macabeo. Apodado "Macabeo" o "martillo". Matatías era un sacerdote, de una tribu de Israel que se negó a sacrificar a Zeus y mató al enviado Seleúcida. Luego huyó al monte con sus cinco hijos (los Macabeos, liderados por Judas).

Hicieron una guerrilla que consiguió lo imposible. Derrotar a uno de los imperios más importantes de la época.

Esta guerra duró muchos años, acabando con la Victoria en Bet Horón y la Purificación del Templo: Tras recuperar Jerusalén en el 164 antes de cristo.  Este es el origen de la celebración judía de e Janucá. Fiesta judía de 8 días que conmemora la purificación y rededicación del Templo de Jerusalén en el siglo II a.C., tras la victoria de los Macabeos sobre los seléucidas.

Alguien podrá decir:

Pero esto esta en la biblia. Si, pero en que biblia. Pues hay muchas versiones. La Tora no incluye el libro de los Macabeos, y las biblias evangélicas tampoco. ¿La razón? Estaban escritas en griego y no en hebreo. Se trata de los libros deuterocanónicos. Esto muestra la influencia gigantesca del griego en la civilización hebrea. Sus registros históricos ya son en otra lengua y así se nos ha transmitido al igual que nuevo testamento, escrito integralment en koiné, no en hebreo.

Y como sigue la historia.  Judas muere en batalla. Jónatas (su hermano) asume el liderazgo, obtiene concesiones políticas y se convierte en sumo sacerdote. Nicanor (general seléucida) es derrotado y Muerto. Simón Macabeo (otro hermano) consolida la independencia y establece la dinastía asmonea.

Por fin una dinastía hebrea. Palestina al final consiguió ser independiente, pero pronto se disgregó. Como siempre, pues hay como dos Tierras prometidas. Esta Judea y Samaria, ya desde los tiempos del imperio Asirio.

¿Cómo sigue la historia? Hemos visto que han pasado ya varios imperios, pues entra en juego la nueva fuerza del momento, los romanos. Y lo hicieron a la manera como todas las grandes potencias imperialistas lo han hecho.

Cuando hay dos grupos en conflicto en un país. Uno de ellos le llama a una potencia extranjera para que venga a ayudarle. Ciertamente lo hace. Le ayuda. Pero no se van. Se quedan. Israel se convirtió en parte del Imperio Romano con la conquista por Pompeyo de Jerusalén. En el 63 antes de cristo.  Pompeyo no destruyó el Templo, pero su entrada fue un acto de humillación para los judíos. Según la tradición rabínica y Flavius Josefo (Antigüedades Judías), Pompeyo vio el Candelerabro de Oro y el Panal de los Panes de la Proposición, pero no el Arca de la Alianza (que ya no estaba allí). Al ver el Sanctasanctórum vacío, Pompeyo no encontró nada de valor material y se marchó. Este evento es mencionado en el Talmud (Bava Batra) como parte de la profanación del Templo y su destrucción final en el 70 d.C.

Y en la mitad de este periodo inter templum. En este mundo convulso, con una sociedad muy cambiada, muy influenciada por la koiné, la lengua griega y también por latín, la lengua de los nuevos invasores. Con un choque cultural inmenso que se traduce en una promesa mesiánica que nunca se olvidó, un mesías que levantará a Israel de su yugo. Ahí comienza el Nuevo Testamento.