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El curso de telekinesis.
Siempre me han gustado los cursos, especialmente los gratuitos o los de primera clase gratis.
Pero a veces no me importa pagar un poco. Algo así como seis clases por 30 € o algo así. Un día vi por casualidad un curso muy especial. Curso básico de telekinesis. Valía 5 €. Dos horas. Y me digo a mí mismo, eso suena interesante. Telekinesis es mover las cosas con la mente. Si me pueden enseñar eso. ¿Por qué no? No me fiaba mucho, Especialmente porque había que pagarlo con PayPal y cobraban un euro y medio extra de comisión. Pero había un número de teléfono. Y entonces llamé y hablé con el organizador que me dijo que era un curso de iniciación, que aprendíamos juntos y que él ponía el material. Se trataba de mover un péndulo con la mente. Más o menos pues me pareció bien y le dije que si, me comprometía a ir el sábado a las 15:00 de la tarde y le pagaba allí en cash. Me dio la dirección y bueno, tuve una especie de sueño extraño el día anterior del curso, quizá pensando en esto de la telekinesis y para que vale en la práctica. Y me imaginé paseando y veía ahí dinero y con la mente lo atraía y se caía a mis pies y yo cogía 50 € y me lo guardaba, como si hubera caído del cielo
y me imaginé también un cajero bancario, alguien que sacaba un montón de dinero y que un billetito iba volando y aparecía ahí también a mis pies. Me desperté y empecé a desconfiar.
¿Qué es esto como propaganda psíquica? Desconfíe porque esto sonaba un poco a secta telekinesis.
Y llamé a un amigo y le dije:
oye, te vienes conmigo, esto vale 5 €, pero yo te los pago y luego nos tomamos algo
y me dijo que sí.
Le conté de qué se trataba el curso. No se lo creía mucho, pero al final vino conmigo para no ir solo.
Ya me imaginaba lo peor. O que fue una secta o que me secuestraran o sumisión química.
Cualquier cosa puede pasar hoy en día.
A la hora de comienzo del curso, llegamos puntuales y subimos.
Nos abrió y ¿cómo decirlo? Era como una especie de sala de espera de un médico porque no era muy grande y había unas sillas ahí puestas y una televisión. Bueno, televisión, Mega ordenador enorme que cubría toda la pared, una pantalla de 500 pulgadas por lo menos.
Y era la casa del profesor, este tío vivía allí. Tenía una cama empotrada y una cocina y ya está.
20 m2. Al menos tenía una terracita.
Me interesé un poco por él . Tenía pinta de indio, de Sri Lanka, por lo menos. Y se lo pregunté, pero me dijo:
No, no, es que yo soy holandés, mi padre es holandés.
Digo , bueno, esto no me cuadra.
Sí, pero mi madre es de Haití.
Ah, bueno, vale. Puede ser.
Nos sentamos, Nos dió un poco de agua.
Luego nos contó de que iba a impartir un curso de iniciación de telekinesis.
Entonces empezó a llegar los otros alumnos, a cual más extraño.
Llegó uno que se presentó como belga, pero belga, muy oscurito de piel.
Y le dije yo. ¿Pero de dónde eres De Bélgica?
No, es que soy belgo marroquí.
Y el otro que no hablaba mucho, era ruso. Estaba ahí, callado, serio.
Empezó aquí nuestro profesor a contarnos más o menos lo que iba a hacer. Nos enseñaban sus ejercicios en su pantalla enorme.
Y en esto que sonó el portero automatico y vino el último. Este era americano, pero un americano. ¿Cómo puedo describirlo? Imagínense una persona que está en las cárceles del Salvador todo tatuado de la cabeza a los pies. Así era él, todo tatuado, con gafas de sol y una especie de boina estilo Bob Marley. Se disculpó por llegar tarde y empezó el curso.
Lo primero fue un ejercicio básico de respirar por la nariz y luego exhalar por la boca, así durante cinco minutos. Y yo dije Bueno, esto ya me suena. Esto lo de clase de yoga, los cursos de yoga que yo hago. Esto lo hago muy bien. Y, pues nada, ya entré en el ambiente.
Luego puso el segundo ejercicio que era de visualización, que era bastante sencillo. Había que pensar del uno hasta el diez, dibujar el uno, borrarlo, dibujar el dos, borrarlo y cuando acabases, hacerlo con figuras geométricas, que era lo más complicado.
Y lo hago mentalmente uno dos , tres y así hasta el 9 y luego figuras geométricas, las que se iban ocurriendo. Cuadrado, triángulo, dodecaedor, las que se me ocurrían. Y muy bien.
El tercer ejercicio se trataba de contener la energía, es decir, respirar y al exhalar, no exhalar del todo, dejar contenida la energía.
Y en eso salió el americano este que parecía de las maras y dijo
Cuando respiras tiene que contener con los puños la energía y cuando exhales dejar los puños entreabiertos, así la energía se carga.
Parecía que un experto en estas cosas de telekinesis.
Yo hago el ejercicio otros cinco minutos y ya para finalizar. Nos da los péndulos.
Y empezó diciendo que con el péndulo teníamos con la mente moverlo para arriba y para abajo.
Me pongo hacerlo. Bueno, y se movía, mi pendulo se movía.
Pero no sé hasta qué punto lo muevo yo con la mano, inconscientemente.
Pero mi mano estaba quieta.
Luego el profe dice, ahora en círculos.
Y empecé a pensar, moverlo en círculos.
Se movió a una velocidad que es que me daba la mano y ya dos o tres veces. Iba tan rápido que me estaba golpeaba la muñeca. Parecía que tiene vida propia y lo paré. Varias veces, con la otra mano.
Al final pude controlarlo.. Pero iba a una velocidad enorme.
Y en esto que miraba a mis compañeros y sus péndulos se movía algo, pero no mucho.
Y el mío al contrario iba como una moto.
El profe me dijo ah, muy bien, muy bien, creo que estás aprendiendo.
Se acabó el ejercicio y nos dijo, el péndulo, lo he comprado a 3.89 €, pero si lo queréis podéis darme 5 € y os lo doy.
Pense para mi mismo, vale, te lo compro, porque a mí me funciona.
Esto, creo que ha funcionado. Incluso quería comprárselo a mi amigo, ya que me ha hecho el favor de acompañarme.
Y él dijo No, no, no te lo dejo acá.
Nadie le compró el péndulo. Fui yo el único.
Se me olvidó decir una cosa, cuando llegó el marroquí belga contó que se habían encontrado 5 € al venir, algo extraño. Y yo le dije:
5 € en la calle, pues ya has pagado tu curso.
Antes de irnos yo le pagué por mi compañero, por mí, y le compré un péndulo.
Y lo más extraño de todo es que cuando salimos del portal solos porque los otros ya se habían ido, mi amigo se encontró 5 € tirados en la calle y yo lo vi con mis ojos. Puedo jurarlo. Vi el billete ahí en la calle tirado, y él lo cogió y se lo guardó.
Nos fuimos y lo estuvimos hablando y al final se portó bien y me dio el billete. O sea que me devolvió los 5 € que yo había pagado por su curso. Y esto fue mi experiencia.
He recibido un mensaje de que el profe va a organizar otro curso, pero esta vez de visión remota. Suena bien, ¿eh?
Visión remota es ver más allá, pero en cualquier parte del mundo. Ni un satélite puede hacerlo mejor, porque con la visión remota te puedes meter dentro de un búnker o un submarino. O la luna….
Y bueno, imagino que costará 5 €, pero, no lo sé,
No lo sé porque ya dice el refrán que piensa mal y acertarás. Y puede ser de que este holandés haitiano nos ve venir por el balcón y tira ahí los 5 € para que se encuentre la gente. Y engancharnos.
Y cuando salimos nos tiró los 5 € cuando estábamos en el ascensor, porque todo es posible.
Y lo mismo si son una secta de verdad. Y con esto de la visión remota y que el péndulo funcionaba en mi caso, me intentan convencer de hacer más cursos y luego meterme en la secta.
Entonces no sé, no sé muy bien qué hacer con estos cursos new Age con los que me he encontrado, si seguir con ellos o hacer de nuevo taichí, macramé o pintar mándalas.
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Una antigua amiga me invitó a un chalet en Ávila. Por supuesto acepté la propuesta. Eran unas vacaciones gratis en un resort de alto standing, o eso es lo que yo creía.
Era una urbanización de lujo, con una piscina enorme. Nada más entrar me sentí muy cansado. Eso no me suele pasar. Pensé que era el viaje largo en autobús hasta Ávila. Ese día me acosté pronto. Lo más curioso es que me levanté todavía cansado. Tuve que tomarme tres cafés para activarme. Mi amiga me contó que a ella le pasaba lo mismo. El aire del campo relaja mucho era su teoría. Me explicó su día a día. Se despertaba pronto, al amanecer, pero se quedaba en la cama soñando despierta. Luego daba un paseo o iba a la piscina para después comer ligero en casa y dormir la siesta hasta las 5 o las 6 de la tarde. Cenaba algo y volvía a la cama lo más tarde a las 10. Una vida super relajada.
No me lo creía, pero el cansancio era real. Yo mismo lo sentía. Fui a la piscina a nadar cinco minutos y regresé agotado, con ganas de dormir. Le dije a mi amiga que saliéramos a pasear por el campo un rato. No quería dormir todo el fin de semana. Ella aceptó bostezando.
Cuando paseábamos aproveche para preguntarla por su secreto. Me dijo que se sentía bloqueada en su vida, que algo le impedía progresar. Pero era feliz en su mundo de sueños. Cuando estaba tumbada pensaba mucho en historias que le gustaría vivir. Viajaba, se casaba y tenía hijos. Otros días se veía a si misma viejecita rodeada del amor de sus nietos, etc.
No entendía nada. Pero lo cierto es que aquella casa provocaba un tremendo cansancio. Eran las 8 de la tarde y estábamos en la terraza tomando una cerveza. Mis ojos se cerraban y los suyos también. Fue en ese preciso momento cuando lo vi.
Algo o alguien salió del cuerpo de mi amiga como si fuera un espíritu. Era semi transparente y tenía algo parecido a alas. Se notaba que era una mujer y no era mala. No sentía enemistad hacia mí, sino más bien interés y curiosidad. Imagínense la imagen. Mi amiga medio dormida y una nube con forma de mujer halada encima de ella con una especie de tentáculos ectoplacmicos que se conectaban con su cuerpo como succionando su energía. Vi como uno de los brazos del espíritu se acercaba hacia mí. Y del susto me caí de la silla. Mi amiga se despertó y toda la visión desapareció.
Me fui difícil dormir esa noche. La reciente visión estaba en mi cabeza y tenía algo de miedo. Por fin el cansancio me venció y tuve extraños sueños con esa criatura. No se cómo expresarlo. Sentí la presencia de algo que me susurraba que yo le agradaba, le gustaba mi mente. Ese ser quería que me quedara en la casa y que descansara feliz muchas horas allí.
A la mañana siguiente no le dije nada a mi amiga de mi sueño. Pero algo había cambiado en su actitud. Me conto que quería alquilar la habitación donde yo dormía. Todo eran ventajas, estaba cerca de la estación de Ávila y todos los servicios como la piscina estaban incluidos.
- ¿Conoces a alguien?
- No sé, puedo preguntar.
Curiosamente, me habían subido el alquiler de mi casa en Madrid y yo mismo estaba pensando en mudarme en breve. Pero tanta coincidencia me extraño, Y una extraña voz en mi cabeza me sugería que aceptara la propuesta.
No quería que el cansancio me venciera de nuevo y me compre dos latas de red Bull. No me gusta nada este brebaje, pero no quería dormirme a las 8 pm como mi amiga. El red Bull me sentó mal. No estoy acostumbrado. Me dio un fuerte dolor de cabeza y tuve algo parecido a alucinaciones. A mitad dormido y a mitad despierto.
El espíritu vino a hablarme. Se llamaba Estrella Doliente y fue una artista cubana famosa hasta su muerte. Estaba con mi amiga desde que era pequeña. Le gustaban sus sueños y vivía su vida. Por eso estaba siempre tan cansada. Era la mejor manera para comunicarse con ella, cuando estaba tumbada medio dormida. Pero yo le gustaba, podría vivir con ellas en su chalet de lujo con piscina. Me contó muchas más cosas, pero las olvidé. Pensé que era un sueño ridículo y que nadie me creería.
Al día siguiente tenía un fuerte dolor de cabeza. No sabía que el red bull te da resaca. Mi amiga estaba sonriente y más despierte de lo normal. No puede resistirme y le conté mis sueños con Estrella Doliente. Me miro con cara rara y me dijo:
- Que curioso, es algo parecido a lo que me dijo mi amigo Ezequiel, el Santero cubano.
- Cuéntame más, le respondí.
- Un día me hice una limpieza con mi Eze. Él se dio cuenta que tenía un espíritu dentro de mí y tenía que hacer un ritual para limpiarme. Tenía que hacerla una ofrenda durante 7 días para que entendiera que tenía que soltarme y dejarme vivir mi propia vida. Lo comencé, pero a los dos días se me olvidó y ya lo dejé de hacerlo.
- Pero tienes que completar el ritual para liberarte de ella.
- Pero no estoy tan mal. Soy una privilegiada, tengo un chalet con piscina en una urbanización de lujo. Y con el piso que tengo en Madrid alquilado tengo lo suficiente. Mi vida está bien. El único problema es que tengo mala suerte con los hombres. Siempre encuentro uno que no me conviene. Algo en mi cabeza me dice que me fije en quien no debería.
Entonces lo vi muy claro, era Estrella Doliente. Se metía en su cabeza para que se fijase en gente equivocada, así no abandonaría la casa para irse con él. El fantasma controlaba su vida y ahora quería controlar la mía también.
- Por cierto, ¿qué has pensado del alquiler de la habitación? Me vendría bien unos ingresos extras y todo son ventajas.
- La verdad es que no sé, yo estaba pensando cambiar de piso.
- Lo sabía, algo me lo dijo en mi cabeza que necesitabas mudarte. Pues aquí tienes una oportunidad.
No creo en las coincidencias, era el espíritu que le había dicho que buscaba piso. Me quería atrapar en la casa del sueño para siempre.
No podía quedarme allí. Tenía que pensar algo rápido. Afortunadamente tengo una aplicación en el móvil que simula llamadas. Me llamé a mí mismo y fingí un gran problema.
La casa de mis padres estaba inundada por una cañería rota. Ello son mayores y tenía que ayudarlos inmediatamente. Pedí un taxi y escape de la casa del sueño.
En el tren de vuelta a Madrid, medio dormido escuche por última vez la voz de Estrella Doliente
- Vuelve a casa con nosotras, serás muy feliz y tendrás dulces sueños, vuelve.
Mi amiga sigue en su chalet de lujo en Ávila, no tengo ninguna intención de volver a esa casa de eternos sueños.
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Conozco a Sandra Sánchez Sol desde hace 15 años por lo menos. Siempre ha sido una chica graciosa, con mil historias que contar. Normalmente desventuras en lugar de aventuras. Nunca comprendí como tenía tan mala suerte en la vida. Lo último que sabía de ella es que se había comprado un chalet adosado en las montañas de Girona, a 15 minutos del mar en coche. Me había hablado tanto de la casa que decidí visitarla un fin de semana.
El viaje en tren de Madrid a Gerona fue fácil. Justo el día anterior del viaje me llamó para decirme que no podía ir a buscarme a la estación de tren y que me tomara un autobús hasta su pueblo perdido, L’Escala. Me molestó un poco que cambiara los planes, pero yo era el invitado. La llamé con tiempo para decirla a qué hora llegaba a su pueblecito y cuando por fin bajé del autobús no estaba allí. Volví a llamarla y me dijo que estaba llegando. Mentira, seguro que cogió el coche tras recibir mi llamada.
A la media hora por fin nos vimos. Me llevo a visitar el pueblo. Muy bonito, pero yo estaba muerto de hambre. Le dije que la invitaba a comer en el pueblo, pero no quiso. Me conto que estaba preparando una paella en su chalet y que se había gastado 17 euros en el marisco de primera calidad y que estaba ya medio preparada. No quise insistir y subimos a su casa ya bastante tarde. Serían las 5 ya. Por el camino paramos en un supermercado y compre cervezas y otras bebidas. Quizás fueran muchas, pero su casa estaba perdida en la montaña y no había tiendas alrededor.
Al llegar a su hogar nos esperaba un gato tuerto en la puerta de la casa. Me asusto un poco pero ella no le dio importancia, me dijo que le daba de comer y por eso estaba allí. Yo ya conocía su amor por los animales, pero el detalle me impresionó
Al llegar echó el arroz y las almejas a la paella y esperó unos minutos para ponerla en el plato. Nunca he comido una peor paella en mi vida. El arroz estaba asqueroso y nada más que pude rescatar los calamares. Ella me preguntó si no le gustaba su paella
- Qué pasa, no te gusta la paella
- La verdad es que está un poco pasada, pero me como los calamares y lo que pueda rescatar
- Pues a mí me gusta, está muy rica. Será a ti que no te gusta el pimentón. Está perfecta, con sabor.
No quise discutir, pero me quedé con bastante hambre. Después de comer nos fuimos a la playa y fue unos de los pocos momentos que disfruté de las minivacaciones. El mar estaba muy agradable y nos quedamos varias horas allí. Ella me contó más sus historias rocambolescas y los problemas con los vecinos. Tuvo un juicio con los vecinos de arriba, que al final se fueron. Y ahora tenía problemas con el vecino de abajo. Que hacía mucho ruido y tenía un perro que ladraba mucho. Me contó que quería envenenar al perro para liberarle de la vida de mierda que tenía. Al llegar a este punto me enfadé un poco. La dije que no podía matar a nadie, ni siquiera a un animal. Y no entendía como amaba tanto los gatos y estaba dispuesta a envenenar a un perro. Pero ella seguía con su idea y la justificaba diciendo que iba a liberar al perro de la vida de miseria que tenía con su vecino. Me sonó un poco nazi. Pero como siempre prefería no discutir.
Dejamos el tema, cuando empezó a oscurecer nos fuimos al pueblo. Yo estaba muerto de hambre y la ofrecí invitarla a cenar. Pero no quería. Su obsesión era comer un helado después de la playa, porque siempre lo hacía. Me hizo recorrer el pueblo a la carrera para encontrar la heladería que le gustaba, no le valía otra. Y además se dejo el dinero en el coche y la tuve que pagar el helado. Esta vez me enfadé y le dije claramente que éramos dos y que teníamos que negociar lo que hacíamos, no lo que ella quería exclusivamente.
No me entendió, se comió su helado y luego me dijo
- Vale ahora vamos donde tu quieras, pero yo no quiero cenar, con el helado es suficiente.
Yo apenas había comido en todo el día y pensaba ir a cenar algo rico. Además, la quería invitar… Al final comí un bocadillo de lomo y volvimos a su casa de la colina.
La carretera tenía muchas curvas y era un poco peligrosa a mi manera de ver. Ella además conducía descalza y a demasiada velocidad para mi gusto. Tuve un poco de miedo, no mucho, pero un poco
Cuando llegamos yo esperaba tomarme una cerveza de las muchas que había comprado. Tremenda decepción. Sandra las había puesto en el congelador, y claro estaban congeladas. No sé si lo hizo a propósito o qué. Lo cierto que tuve que escurrir la lata para poder beber algo de cerveza helada. Un desastre.
Al ir a dormir la propuse que yo me acostaba en el sofá del salón, y ella en su habitación. Pero se empeñó en que durmiera en su habitación, en un colchón en el suelo a su lado. Me pareció un poco raro, pero yo era el invitado y me tenía que adaptar.
La noche paso más o menos, aunque apenas pude dormir. He de recalcar que la casa apestaba a paella y lo primero que hice fue tirar la maldita comida, pero ella quiso ponerla en una bolsa de plástico para los animales.
Tras desayunar salimos de la casa. El gato tuerto está en la puerta, como siempre. Al entrar en el coche me dí cuenta que dejaba la paella apestosa en una especie de tubo de hormigón. La pregunte si era para los gatos y me dijo que no, para otros animalitos. Luego descubrí para que tipo de bestias era…
Cuando Sandra entró en el coche se transmutó y empezó a gritar insultos para los vecinos porque hacía tanto ruido. Algo de ruido hacían por la noche, pero tampoco tanto. Su enfado comenzó a crecer y se volvió un poco loca. Tanto que la pedí por favor que no me volviera a hablar de sus malditos vecinos. No se calmaba y conducía toda velocidad. Pasamos por la curva de la muerte y vi tres cruces de infortunados accidentados. Y ella a toda velocidad insultando una y otra vez a los vecinos y su perro. Era una locura, por suerte al llegar a la playa se calmó. El mar tiene un efecto benéfico para ella. Y para mí también. Se me olvidó todo el stress en el coche. Fue el ultimo buen momento del fin de semana.
Fuimos a tomar una copa a un chiringuito de la playa, e incluso hubo un momento de entendimiento entre nosotros. El camarero era muy borde y arrogante y no nos sentíamos a gusto en el sitio. Yo me pedí un ron con coca cola y me trajo un ron pero con Spritz. Fue la excusa para irnos. Hablamos un buen rato sobre el camarero y lo desagradable que era. Nos unió criticar a otra persona, que cosas tiene la vida.
De regreso por la carretera de la muerte, estaba de buen humor, menos mal. Porque recordaba el viaje horrible de la mañana. También que fuera de noche y no viera las cruces de los muertos en la orilla me influyo psicológicamente.
Todo iba bien. Esta vez las cervezas estaban frías y no congeladas. Me ocupé personalmente de ello antes de salir. Pero al entrar en la casa, Sandra volvió a cambiar. Se puso a hablar sola y empezó a ordenar la casa, poniendo cosas de un sitio a otro. Yo flipaba, recuerdo que la pregunté si sabía que hablaba sola. Me respondió que su abuela también lo hacía y que eran cosas de familia.
Era la última noche, no quería discutir. Después de cenar algo ligero salimos a la terraza. Todo estaba silencioso. Los vecinos de abajo tenían que haber salido pues no había ni un ruido, solo el pobre perro, un labrador, que lloraba porque le habían dejado solo.
La noche era espectacular y la vista de su chalet a la luz de la luna era realmente bonita. Nada podía romper ese buen momento, pero sin embargo pasó.
El perro seguía llorando y se me ocurrió decirla:
- No te da pena el pobre perrito, y tú lo querías envenenar. No te arrepientes…
Hay una cosa que no había contado de ella. Sandra está convencida que los vecinos escuchan todo lo que dicen porque las paredes son muy finas. Algo ya exagerado. Creo que en psicología lo llaman manía persecutoria, un caso de esquizofrenia.
No pueden ni imaginarse el caos que se montó en un segundo. Vi sus ojos agrandarse como una loca y empezó a gritar
- Pero que dices, te van a escuchar los de abajo. Eso no se hace ni a tu peor enemigo.
- Sandra no hay nadie, esta todo en silencio.
- Como me has hecho eso a mí, en mi casa. Ya sabía que me ibas a traer problemas.
No pude razonar con ella y la situación degeneraba a cada minuto. Si hace unas horas su enemigo eran los vecinos, ahora era yo. Me sentí muy mal, especialmente porque no entendía lo que pasaba.
En un intento de aplacar los ánimos la dije que estaba cansado y que me iba a acostar en el salón. Pero no, ella no quería. Me dijo que siempre dormía en el salón en el sofá y que yo tenía que dormir en su habitación, pero no en su cama, en el colchón en el suelo. Intente explicarla que quería fumar un cigarro antes de dormir y que era más fácil en la terraza. No valió de nada mis argumentos. Su tono era muy agresivo y yo no quería problemas. Tenía miedo a que me denunciara y pasara una noche en la cárcel. Las leyes son así en España, si una mujer denuncia a un hombre, por protocolo va a prisión por lo menos una noche.
No discutí, cogi todas mis cosas y metí en la habitación y cerré la puerta. Yo la escuchaba hablando sola en el salón. Encendí un cigarro en la ventana y la escuché que intentaba abrir la puerta
- Que estás haciendo Jose, me dijo
- Estoy fumando un cigarro, como te dije. Por eso quería estar en el salón y salir a la terraza
No pasaron ni 3 minutos cuando volvió a entrar y me dijo que la iba a quemar todo. recogió algo del suelo, unas bolsas y me grito
- Me estas poniendo muy nerviosa, voy a llamar a la policía como sigas así. Me tienes harta. Vienes a mi casa a crearme problemas.
No dije nada, cerré la puerta y esperé a que se durmiera. El que no puede cerrar los ojos fui yo. Tenía miedo que volviera a entrar con el cuchillo jamonero de la cocina, o que llamara a la policía y que me llevaran a la cárcel a media noche detenido. Esa loca podía hacer cualquier cosa. Creo que serían las 4 de la mañana cuando escuche unos ruidos muy raros, como gruñidos: pensé que era ella, que estaba poseída por un demonio o algo así. Luego descubrí que eran los jabalíes que venían a comer la paella que ella había dejado en un tubo cerca de la entrada del chalet.
No sé cómo describir la noche de pánico que viví. Tuve que salir por la noche al cuarto de baño y ella estaba despierta.
-Que haces Jose, que quieres
-Nada, nada tengo que ir al baño, me estoy meando. No hago nada ya vuelvo a mi habitación.
Ni orinar podía en la casa de la loca. Pensé en salir huyendo con mi mochila, pero era de noche, la casa estaba perdida en el monte y todo rodeado de jabalíes que hacían un ruido de mil diablos.
Cuando amaneció no había podido dormir nada. Espere en el colchón hasta que escuche ruidos en el cuarto de baño. Ya se había despertado. Entonces salí y la di los buenos días. Mas por cortesía que por otra cosa. Me ofreció un café pero la dije:
- Sabes prefiero que me lleves a la estación, ya tomare un café allí.
Dicho y hecho, salimos de su casa y el gato tuerto estaba en la puerta como de costumbre. Ya todo me daba lo mismo, solo quería llegar a la estación de autobuses e irme de la casa de la colina.
Los primeros minutos en el coche fueron en silencio. Pero al llegar a la curva de la muerte, Sandra estalló de nuevo. Creo que quería atacarme antes de que me fuera.
- Ni a tu peor enemigo le haces lo que tú me has hecho a mí. Como te atreves de insultarme en mi propia casa.
- Pero que he dicho, si no había nadie.
- Si había, estaba la mujer. Puse un vaso en el suelo y la escuché. Ahora se han enterado de todo por tu culpa.
No podía razonar con ella, y seguía sacando toda la mierda que podía contra mí. Apenas puedo recordar sus reproches: Que era un alcohólico por todas las cervezas que había comprado, que fumaba demasiado. Que tenía que ir al psicólogo y hacerme tratar. Que era un impresentable y que nunca tendría amigos. También me dijo que era un ansioso comiendo y que odiaba que comiera de su plato.
- Pero si no comí de tu plato.
- Si lo hiciste, hace 7 años.
Me quede asombrado. En su cabeza lo mezclaba todo.
- Ya sé por qué has venido aquí. Me querías seducir. Pero yo valgo mucho más y te vas a quedar solo en la vida, nadie te aguanta. Eres un perdedor.
Preferí callarme y contar los minutos hasta que llegamos a la estación. Cogí mi mochila y me fui. Nunca más volveré a ver a la loca de la colina.
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Me desperté sabiendo que era un cubo. Si un cubo, un dado sin números. Algo como una caja. Eso era yo. Un cubo pequeñito en un mundo de cubos. Pues había otros cubos a mi alrededor y se movían silenciosamente.
Yo era el más chico de todos los cubos y miraba a mis compañeros con una mezcla de envidia y tristeza hacia mí mismo.
No todo era cubico en mi mundo. Muy alto en el cielo había un circulo blanco inmenso. Todos queríamos llegar a esa pelota brillante. Pero estaba tan lejana que nunca llegaríamos.
Sintiéndome el más pequeño de todos y cubo grande se acercó y me dijo:
Tu eres tan grande como nosotros. Depende de como te veas a ti mismo.